ANÁLISIS | Txomin Perurena
Si había algún corredor al que cantidad de victorias se le habían escapado en el último suspiro, ése era Samuel Sánchez. Mira por dónde, en dos días ha conseguido dos triunfos de etapa y tiene en su poder el maillot amarillo de la Vuelta al País Vasco por segundo día consecutivo. Si el martes se lució en los descensos, ayer ofreció una exhibición de fuerza en las duras rampas de las calles de Lerín.
Perdiendo se aprende a ganar. He aquí un ejemplo claro. Veo que actúa con la mente más fría. En su séptimo año de profesional parece haber adquirido ese grado de experiencia y saber estar que en ocasiones decide las victorias. Seguro que se conoce mejor a sí mismo. También puede haber influido la llegada de Igor González de Galdeano a la dirección del equipo.
Fue digno de mención el desgaste efectuado por Euskaltel a lo largo de la tercera etapa. Trabajaron mucho y bien. Samuel tuvo un buen detalle en su dedicatoria a los compañeros. No todos los ganadores saben hacer eso. Es un gesto que honra al asturiano.
Sigo viendo más favorito a Contador para la contrarreloj final. Tiene la ventaja de que es contrarrelojista y escalador. Samuel, sin embargo, tratará de compensarlo con su momento de forma y el maillot amarillo.
Hubo reparto de labores de control entre equipos... pero menos. Yo creo que el viento propició ese reparto. Los hombres de Liberty, Balears, Davitamon y el propio Samuel estuvieron atentos. Había tensión en la cabeza de cara a la colocación para el último kilómetros y se produjo, incluso, algún corte antes de llegar a Lerín. En la subida esperaba más de Perdiguero, un corredor explosivo. Ni siquiera lanzó su ataque. Imagino que Valverde sufrió algún percance porque empezó muy atrás. No es normal.
Luego, el transfonder, el sensor que llevan los ciclistas en sus bicis, jugó una mala pasada. Dio diferencias de segundos, pero los jueces decidieron que no eran tales entre los primeros, que no hubo distancia suficiente.
Me gustó la llegada de Lerín. Nos estamos europeizando. Me recordó al muro de Huy, a metas de Italia... Al pasar los corredores en una vuelta anterior ya no se puede hablar de encerrona. La conocían. Recuerdo que en el Giro, cuando veías en lontananza un castillo o una iglesia que sobresalía sobre las casas del pueblo, seguro que te hacían pasar por allí. Y encima te ponían una prima o traguardo en ese punto.