Logró su segunda victoria de etapa en una llegada de película a Lerín por delante de Rebellin y Contador. Contador y él llevan dos segundos a Rebellin, Evans y Bertagnoli.
BENITO URRABURU
LERÍN. DV. «No sé si es el mejor estado de forma que he tenido nunca desde que llevo en el mundo profesional, pero si es verdad que estoy obteniendo mis mejors resultados. Nunca me han salido las cosas así». Samuel Sánchez se confesaba de esta manera después de dejar adormecida la carrera.
En la llegada a esta localidad, con un final de etapa precioso, después de un día en el que hubo de todo, con puertos como Urbasa, zonas de llano en las que sopló el viento, tramos que parecían sacados de una clásica belga, la meta nos recordaba a muchas de las que hay colocadas en el Giro de Italia, con esos repechos que se les clavan a los ciclistas en lo más hondo, que les atraviesa de lado a lado y les deja bloqueados.
Lerín ha sido una de esos finales para recordar, en la que cinco corredores entraron en el mismo tiempo, con una aplicación muy rigurosa del reglamento puesto que, en un principio, Samuel Sánchez había obtenido un segundo de ventaja sobre Davide Rebellin y dos con respecto a Alberto Contador, Leonardo Bertagnoli y José Angel Gómez Marchante.
Pocos minutos después, los cinco tenían el mismo tiempo. Los jueces no variaron de criterio al considerar que había menos de un segundo entre ellos.
Era el desenlace de una jornada en la que se rodó rápido, a una media de 41,195 kilómetros por hora, en la que el corazón del ganador latió a 184 pulsaciones en los momentos críticos de la cuestica que decían en Lerín y que más bien parecía un calvario.
«La media de pulsaciones durante la etapa ha sido de 136 por minuto» señalaba Samuel Sánchez mientras rebuscaba en su bolsa el pulsómetro: «No lo encuentro» le comentó a sus masajista. Entre zapatillas, cascos, el pinganillo, los guantes, la gorra y demás artilugios apareció el dichoso aparato.
«No es el día que con más fuerza ha latido mi corazón. En la París-Niza y en la Vuelta a Valencia, en El Campello, llegué a las 195 pulsaciones. En Segura me quedé en las 191 pulsaciones».
Los latidos de ese corazón parecen detenerse algunas décimas de segundo en algún momento de la etapa. Está aguantando mucho Samuel en las llegadas para atacar. Deja que otros hagan el trabajo en los momentos de la verdad, corre riesgos, y termina por sacar una sexta velocidad que le ha permitido vencer a Contador, en Segura, y a Davide Rebellin, en Lerín.
Liquigas y Davitamon cogieron las responsabilidades del grupo pensando en Cadel Evans y Danilo Di Luca. Habían visto la llegada en la primera pasada por la meta y apostaron por sus corredores.
Angel Gómez Marchante, que parece una pintura con sus cabellos rubios, tiene la sangre caliente. Volvió a atacar, como hizo en Segura. ¿Pronto, tarde?
El chaval atacó y siempre será mejor tener que frenarle que no mandarle que se mueva. Leonardo Bertagnoli, otro espirítu inquieto, se le colocó a rueda. Y David Etxebarria, Michael Boogerd y Contador.
Cotiza al alza
Son momentos en los que hay poco tiempo para pensar. Contador asumió responsabilidades. Bertagnoli se le pegó y Samuel Sánchez apareció de nuevo. Y cuando el líder está apareciendo en esta Vuelta al País Vasco lo hace para ganar.
«Creo que cuando Iban Mayo ganó la carrera en 2002 y yo hice tercero, estaba mejor de forma que ahora, pero los resultados eran otros» confirmaba un líder que está consiguiendo que a la hora de hablar de favoritos su cotización suba y se iguale a la de Alberto Contador, el ciclista de las piernas de alambre que no está rehuyendo el combate.
Contador ha buscado, donde ha podido, minar a Samuel Sánchez, pero no lo ha conseguido. Es un enfrentamiento a cara de perro, sin concesiones.
No fueron todo alegrías durante la etapa. El luxemburgués Frank Schleckk, uno de los favoritos para disputar la general final, tuvo que abandonar debido a una caída en la que se vieron implicados hombres como Thomas Ziegler, Maxime Monfort y Aitor Osa.
En una carretera general, en un tramo amplio, Monfort se desequilibró, piso un bidón que tiró un ciclista y se produjo una montonera. El ciclismo tiene éstas cosas. El éxito y las desgracias conviven en el pelotón en laa mayor proximidad.
Egoi Martínez se convirtió en el protagonista del día junto a Iván Parra. Ellos marcaron el ritmo de la etapa, no recogieron ningún premio. Intentaron sin conseguirlo cambiar el signo de una jornada que estaba marcada. Hemos vivido los momentos de gloria de muchos corredores. Estamos en el de Samuel Sánchez.