KILOMETRO CERO | Benito Urraburu
La Vuelta al País Vasco ha entrado en una dinámica peligrosa para el espectáculo ciclista y para la carrera. Las etapas comienzan a ser un calco unas de otras y encima hay que escuchar a algunos directores decir que se aburren.
El problema no es que ellos se aburran, sino que las actuaciones de los grupos que ellos dirigen aburren a los demás, aficionados incluidos. A los técnicos les pagan por ganar carreras y determinados ciclistas y formaciones parece que ya hacen bastante con mantenerse en la carretera, por no decir que algunos ni están.
Un recordado periodista italiano escribió una vez sobre determinado tipo de corredores lo siguiente: «Se pasan la temporada preparando carreras en las que luego no se mueven». Pues eso. La Vuelta al País Vasco continúa bajo el dominio de Alberto Contador y el equipo Astana. No parece que esa dinámica vaya a cambiar. Es cierto que el terreno no acompaña demasiado, pero también lo es que las escapadas se están formando con muy poca gente. Nadie quiere problemas de fugas más o menos amplias que luego pueden generar problemas y, por lo tanto, muy pocos las están peleando.
El conformismo se ha instalado en la carrera y nos va a costar salir de él. Estamos abocados, salvo que se produzca algo fuera de la normal, a que hasta la etapa de Orio de mañana no veamos maniobras de mucho riesgo. En una carrera en la que de diecinueve equipos sólo hay cuatro formaciones de casa, se parte con una desventaja importante a la hora de manejar alternativas. Eso es algo que se traslada al espectáculo, algo peligroso en un deporte que vive precisamente de eso.