«Me he ganado el respeto de todos»
Carlos Sastre será el hombre que maneje desde dentro uno de los mejores equipos del mundo en las carreteras de Euskadi, un CSC que puede decidir el ganador final
B. U.
Carlos Sastre Candil (El Barraco, 32 años) es un libro abierto en el mundo del ciclismo. Habla claro, conciso, sabe lo que dice, a quién se lo dice, lo que quiere transmitir.
Ni en sus peores momentos deportivos ha perdido el norte. Aprendió muy bien el oficio de ser ciclista y comprobó enseguida dónde están los amigos en este deporte y en la vida.
Llega a la Vuelta al País Vasco al frente de un equipo, CSC, que mete miedo. Pueden tener varios líderes, depende de cómo vaya la carrera. A Sastre se le respeta mucho en la formación danesa. La prueba es importante para él: «Que corra el Giro o no lo corra depende de la Vuelta al País Vasco, primero, y de las clásicas, después. De las grandes, a día de hoy, la único que voy a correr seguro es el Tour de Francia».
No tiene ningún reparo en decir abiertamente que «por gustarme me gusta más la Vuelta, lo que pasa es que la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos está ahí. Si haces el Giro, al final llegas pasado de forma».
La idea de hacer las tres grandes la ha aparcado definitivamente: «Con dos, ya es suficiente». Se presentará en Legazpi mucho mejor que lo que vino el año pasado: «En 2007 me caí en la Vuelta a Castilla-León. Cuando llegó la etapa de Oiartzun, en el primer paso, me metí al autobús. Me quedé cortado antes de Santesteban, empalmé subiendo, me corte bajando. Iba a remolque y así no se puede ir». Llegará con once días de competición: «He corrido la Vuelta a Murcia, Castilla-León y Almería. No me planteo ningún objetivo. Iré día a día. Tenemos un equipo muy bueno con los Schleck, Julich, Cuesta. Por primera vez en mi vida sé lo que tengo».
Apoyado por todo el CSC
Una frase enigmática que nos explica: «Desde hace tiempo quería ir al Tour con todo el equipo detrás, mentalizado para lo que voy. Por lo que observé estaban deseando que le pidiese eso al equipo. Siempre he ido al Tour pensando en ganar etapas. Nunca han tenido un objetivo tan claro conmigo».
Lo explica con una rotundidad apabullante, con datos que no admiten discusión: «Cuando estaban Hamilton o Basso siempre me encontraba supeditado a ellos, algo que era normal».
Responsabilidad es una palabra que no le asusta: «Yo he tenido responsabilidad durante toda mi vida, para todo, y la he asumido sin mayores problemas». Pero todavía hay más.
Va a poder decidir buena parte de los compañeros con los que le gustaría compartir las carreteras francesas: «No voy a decidir el equipo al cien por cien, pero después de la Vuelta a Suiza diré lo que he visto de mis compañeros y se lo comentaré a Rijs. Por lo menos sabrá lo que pienso».
Si Iñigo Cuesta está bien, será uno de los fijos en el equipo CSC del Tour: «Iñigo no falla nunca. Es una garantía a todos los niveles». Dice que hay pocas cosas que le quitan el sueño, «salvo mi familia. ¿El Tour? No me quita el sueño, pero si hay que hacer el Giro para llegar en condiciones, lo hago».
Es consciente de que no le quedan muchas oportunidades para hacer un Tour al máximo nivel: «Yo diría que es una de las últimas ocasiones que me quedan».
La vida de Carlos Sastre, para quienes la hemos conocido más o menos bien, está jalonada de decisiones que en muchos momentos parecían arriesgadas. No quiso pasar a profesionales con Banesto, se marchó de la ONCE. Todo lo que ha hecho ha tenido una lógica, al menos para él. En su momento algunos de esos pasos levantaron ampollas.
«Pude pasar del equipo de aficionados de Banesto al profesional, pero creía que conmigo no se habían portado como debían. Mi cuñado estaba con ellos en profesionales (José María Jiménez, 'el chaba'), estaba valorado en el equipo, era un corredor importante. Lo hubiera tenido fácil. Me fallaron a nivel personal, no estuvieron al nivel de las circunstancias y me fui a la Once».
La Once entonces era el enemigo. La rivalidad entre Banesto y la Once hizo del ciclismo español el mejor del mundo. Dos imperios económicos y sociales se enfrentaban en las carreteras. Fueron unos años imborrables.
«A mí, Manuel Saiz me enseñó a ser ciclista. Conmigo fue muy duro y aquella dureza me enseñó a ser corredor. Me sacrifiqué por muchos compañeros. Me enseñó, aprendí como se hace un líder. Trabajé para Jalabert, Olano, Beloki. La única vez que trabajó el equipo para mí gané una etapa en la Vuelta a Burgos».
Hamilton y Basso
Se marchó de la Once. Buscó un nuevo rumbo: «Te digo muy claro por qué me marché. Manolo no me daba la libertad que busca. La primera vez que hablé con Rijs no salió de ninguna de las dos bocas la palabra dinero. Sólo le pregunté si iba a tener una cierta libertad. Me dijo que sí y allí me fuí».
La carretera volvió a ser dura con él: «Llegaron Hamilton y Basso. Los dos estaban por encima de mí. Si hay un compañero mejor que tu hay que entregarse al cien por cien y eso hice. Las circunstancias que todo el mundo conoce me convirtieron en líder. El año pasado, Rijs apostó por mí. Este año lo hará más».
Cumplirá los 33 años el 22 de abril. No muestra una gran preocupación por su futuro: «Llevo tiempo firmando contratos de año en año. Te puedo decir que a nivel psicológico estoy como un chaval de quince años. He pasado tantas penurias en mi vida personal que me da igual lo que diga o lo que opine determinada gente».
El respeto de todos
Por un momento se pone serio: «Yo no vivo de lo que diga la prensa. No soy un corredor mediático, al menos no le he sido. Creo que no se me ha dado el bombo que se me tenía que haber dado, pero también pienso que me he ganado el respeto de todo el mundo y eso es algo que queda para toda la vida».
No se arrepiente de las decisiones que ha tomado en el mundo del ciclismo: «He cogido el camino que creía mejor para llegar donde quería, he pasado penurias y he aprendido a tomar decisiones».
No le importa reconocer que algunas de las cosas que ha dicho en determinados momentos, si las hubiese pensado más, no las hubiese dicho: «Hay veces que pienso que determinadas cosas no las tenía que haber dicho, pero soy como soy y ya no voy a cambiar. Prefiero decir las cosas a la cara. No soy de ir por detrás, ni contando historias y eso a mucha gente no le gusta».
No se atreve a decir si lo mejor de él está por llegar: «No lo sé. Yo soy de los que brilla cuando todo está oscuro. La verdad, no sé si lo mejor está por llegar, pero si sé que estoy empezando a hacer las cosas como me gustan».
Maneja una teoría simple pero real sobre el ciclismo actual: «Sería importante que los directores fuesen directores, los organizadores, organizadores, los corredores, corredores y otra gente que pulula por este mundillo que se dedicase a ver la tele en casa y que dejase hacer». Se puede decir más alto, pero no más claro. Carlos Sastre conoce perfectamente dónde se mueve. Sabe que no le queda mucho tiempo en el ciclismo. No tiene una fecha límite: «Lo único que sé seguro es que no me voy a arrastrar».
«País Vasco siempre es duro»
En su época como corredor aficionado, ya lejana, corría prácticamente todos los fines de semana en Euskadi, por lo que conoce perfectamente el terreno de la Vuelta al País Vasco: «Esta Vuelta siempre es dura. ¿Que me digan cuándo puede llegar al sprint todo el grupo? Nunca. Otra cosa es que llegue un grupo más o menos grande. La Vuelta al País Vasco ha sido dura, es dura y seguirá siendo dura, porque el terreno es duro. Y si encima lo rebuscas, todavía es más duro. El día que menos puertos hay son cinco. Dime: ¿dónde esta la suavidad?». Ha corrido en seis ocasiones la prueba e incluso ha estado en un equipo de la ONCE que la ganó: «En el último triunfo de Jalabert yo estaba con él en el equipo».
A la hora de hablar de favoritos, cita a «Contador, Evans y alguno de mi equipo. ¿Quién? Eso no le voy a decir». Después soltó una gran carcajada.
Sastre no tiene ningún tipo de negocios. No quiere que nada le distraiga de su profesión: «De cosas que me quiten energías no quiero saber nada de momento». Es uno de los pocos ciclistas de este país que tiene jefe de prensa, el valenciano Chema Rodríguez, un profesional que conoce el medio en el que se mueve y con el que está encantado Sastre.
«Por lo menos ahora ya saben que estoy vivo». También tiene una página web. Casado con la hermana del malogrado José María Jiménez tiene dos hijos, Claudia y Yeray, los únicos a los que deja que se le suban a la chepa.
Sastre tiene todo el aspecto del ciclista castellano auténtico, duro, sufrido. Nunca baja a entrenarse al sur, en busca del buen tiempo: «Si hace frío, salgo a entrenar. He llegado a salir con seis grados bajo cero abrigado hasta la cepa. No es lo que más me gusta, pero me pagan para ser profesional y salgo, siempre que no sea peligroso. Si llueve tenemos material para el agua. ¿Para qué nos lo dan si no?». Matiza que «tonto no soy y prefiero el calor, pero si llueve y nieva también cobro. Con el equipo nos concentramos en Mallorca, luego en Toscana, luego las jornadas de supervivencia, los Estados Unidos. ¿Ir al sur? Mis hijos también tienen que ver a su padre, no sólo a su madre y a mí me gusta estar en casa».
Carlos Sastre no es de los corredores a los que les guste machacarse durante el invierno: «Terminamos la temporada muy tarde. Me meto en el gimnasio para fortalecer las zonas del cuerpo que menos trabajas en la bicicleta. ¿Correr a pie? Lo único que corro es la San Silvestre barraqueña, el último día del año, en mi pueblo, El Barraco, que tiene mil metros de recorrido. Si te parece que corro poco durante el año...» Aunque lo diga en tono bromista, se cuida mucho, no coge mucho peso.