El Open USA que se disputa desde mañana en Winged Foot (Nueva York) será el escenario de la vuelta a la competición del número uno del mundo.
Fran Guerrero. Winged Foot (Nueva York)
El segundo torneo de Grand Slam de esta temporada, el Abierto de Estados Unidos que comienza mañana, tendrá un aliciente especial: Tiger Woods, el número uno del mundo, vuelve a la competición activa después de nueve semanas de inactividad por la muerte de su padre, Earl, a causa del cáncer y en una semana en la que se celebra el Día de Padre en Estados Unidos. Desde entonces, Tiger no ha participado en ningún torneo del Circuito americano, ni para defender su título en The Memorial, uno de los torneos más importantes y más representativos del PGA Tour americano y en el que Tiger no ha fallado nunca desde su paso al profesionalismo en 1997.
El US Open será una prueba importante para Woods, que se verá las caras con su gran enemigo en el campo de batalla, el americano Phil Mickelson, que en esta temporada lleva en su haber su segundo Masters de Augusta, conquistado el pasado abril, aprovechando que Woods tenía la mente en otro sitio, a los pies de la cama de su padre, aquejado de cáncer de próstata.
El Open de Estados Unidos es uno de los torneos más duros del Grand Slam, ya que siempre se disputa en campos muy complicados, preparados al límite de lo humano, en recorridos largos, con intrincados roughs y greenes como pistas de patinaje. Será una dura prueba para la vuelta de Tiger.
Pronóstico abierto
Nadie hace apuestas de cómo reaccionará el líder mundial. «No sé realmente qué puede pasar esta semana», comentó Woods. «Nunca antes había vivido un momento y unas circunstancias como estas: la muerte de mi padre, nueve semanas sin jugar... Sólo queda esperar y ver qué pasa. Espero que mi juego esté a la altura; aunque no importa mucho cuál sea el resultado. Yo por mi parte, pondré todo mi ser en hacerlo lo mejor posible», añadió.
El mayor tiempo que Tiger había estado sin competir fue cuando tuvo una lesión en las rodillas a final de la temporada 2002, que le mantuvo alejado de la competición unas ocho semanas; y antes del Open de Estados Unidos y del Abierto Británico de 2002 estuvo cuatro semanas sin jugar.
Aunque las comparaciones son odiosas, Tiger Woods tiene muchos puntos en común con su gran ídolo, Jack Nicklaus. Se da la circunstancia que el Gran Jack también sufrió la pérdida de su padre cuando el Oso Dorado contaba 30 años, en febrero de 1970; aunque en aquel momento no estaba en lo mejor de su carrera, ya que llevaba diez Majors jugados sin conocer la victoria.
Un campo muy difícil
Será difícil saber cuál será la reacción de Tiger en este torneo, sobre todo, porque la última jornada de este segundo Grand Slam termina el domingo 18 de junio, cuando se celebra el Día del Padre en Estados Unidos. «El campo está muy difícil, nunca antes lo había visto tan complicado como lo han preparado esta semana», comentó Hank Haney, el preparador físico y mental de Woods.
La última vez que Woods jugó en Winged Foot fue en 1997, en un PGA de Estados Unidos, cuando todavía el Tigre luchaba por intentar controlar todo su poderío y los larguísimos golpes que salían de su descontrolado driver.
Esta semana será mucho más importante mantener la bola en calle, lo más alejada posible del terrorífico rough, y colocar la bola en green siempre por debajo de la bandera para evitar que la bola se escape de estos greenes cristalinos y muy movidos. El viento será un factor muy a tener en cuenta.
El jugador de Nueva Zelanda, Michael Campbell, será el defensor de este segundo título de Grand Slam. Su partido será el más esperado ya que compartirá cartel con Tiger Woods (ganador de dos Open de EEUU en 2000 y 2002)y el italiano Edoardo Molinari, ganador del Open de Estados Unidos en su versión amateur.
Vetado a los europeos
Un total de 38 jugadores pertenecientes al Circuito Europeo tomarán parte es este Major, entre los que se encuentran José María Olazabal, Sergio García y Miguel Ángel Jiménez. No es este un torneo que se le de bien a los europeos, que siguen teniendo como referente al británico Tony Jacklin, el último jugador del Viejo Continente que conquistó este salmón en 1970.
En realidad, desde que Jacklin ganara, sólo cuatro no americanos han conquistado este major: el australiano David Graham (1981), los surafricanos Ernies Els (1995 y 1997) y Retief Goosen (2001 y 2004) y el neozelandés Campbell el año pasado.
Lo más curioso de la victoria de Campbell es que se clasificó para disputar el Abierto de Estados Unidos solamente dos semanas antes de la competición, en las previas disputadas en Walton Heath, en Inglaterra, al embocar un birdie en el último hoyo del último recorrido. Dos semanas después, el golfista maorí ganaba su primer torneo de Grand Slam en Pinehurst, con dos golpes de ventaja sobre -cómo no- Tiger Woods.