El preparador del hondarribiarra está asombrado por su capacidad de trabajo: «Me decía que no tenía agujetas y luego me enteré de que no se podía ni bajar solo del coche».
Fernando Becerril. DV. San Sebastián
Jon Karla Lizeaga es un preparador de prestigio. Trabaja con un puñado de buenos deportistas, pero es conocido sobre todo por ser marido y entrenador de Naroa Agirre, finalista olímpica y mundial de salto con pértiga. Lo que no todos saben, yo no lo sabía, es que hace dos años y medio que dirige los entrenamientos de José Mari Olazabal y que el golfista guipuzcoano ha aprovechado su preparación para poner la bola treinta metros más allá. El jugador más técnico del circuito se ha convertido de pronto en un pegador.
- ¿Un profesional del golf necesita un preparador físico?
- Hombre, es verdad que hay jugadores que pueden competir al máximo nivel sin un preparador físico, como el argentino Cabrera que es un armario, pero la mayoría sí necesita un entrenador. Han cambiado los materiales, han cambiado los tiempos y han entrado los preparadores físicos, los psicólogos y hay jugadores que viajan hasta con el sastre.
- ¿Y en el caso de Olazabal...?
- Pues de pronto pensó que necesitaba mejorar su preparación para poder mandar la bola más lejos.
- ¿Cómo entraron en contacto?
- Me llamó por teléfono y fue directo al grano. «Me han dicho que preparas a jugadores de golf. Necesito ganar potencia, distancia con mi swing. ¿Cuándo empezamos?». Quedamos para el día siguiente y me dijo: «El golf ya no es lo que era. Ahora son todos unos bestias. Necesito ponerme fuerte porque todavía puedo jugar unos años». Transmitía las ganas, la ambición de volver a lo más alto.
- Parece que lo ha conseguido.
- Eso parece. Había perdido la tarjeta para jugar en el circuito americano y ahora vuelve a estar undécimo en el ranking mundial.
- ¿Y eso cómo se hace?
- Pues siendo como es él. A los grandes de su generación como Faldo y los demás, los más jóvenes les han pasado por encima, pero Olazabal es tan competitivo que ha vuelto a meterse ahí. Si Txema entiende que haciendo algo puede mejorar, lo va a hacer y no es fácil imaginar hasta qué límites lo puede hacer. Luego los resultados se notan.
- ¿Cómo para ganar treinta metros con el swing a los cuarenta años?
- Es que eso es lo que no es normal. A esa edad no es normal. Y no descartes que gane otros veinte el año que viene. Un tío que soporta semejante trabajo con cuarenta años no puede ser normal.
- ¿Pero es para tanto?
- ¿Para tanto? A mí me llegó una persona con 38 años, que no había hecho nunca ningún trabajo físico, ni gimnasio ni nada, y lo primero que me planteé es ir con cuidado. Pero no pude.
- ¿Por qué?
- Porque él hacía más de lo que le mandaba. Venía al día siguiente y yo le preguntaba «¿Qué tal?» y él «bien». «¿Agujetas?». «No». «Txema, que algo te tiene que doler». «¿Dónde me tiene que doler?». «Pues en todas partes, tío». «No». Y yo, claro, asombrado. Hasta que un día me enteré de que no me decía la verdad.
- ¿No?
- Qué va. Un día me llamó su madre y me dijo que qué estaba haciendo con su hijo, que no había podido ni bajar solo del coche, que si le quería matar...
- ¿Dónde le entrena?
- En el gimnasio del Velódromo. Cuando había goteras, allí estaba él igual, igual. A las ocho de la mañana. Y no viene a las seis porque no han abierto todavía. Lo mejor es cómo se relaciona con todo el mundo en el gimnasio. Hay algo que está claro.
- ¿Qué es?
- Que para hacer cosas que no hace nadie, tienes que pensar de una manera diferente a los demás. A ésos les llaman locos. Pero luego te das cuenta que Txema es diferente y tiene potencial para ser número uno.
- ¿A estas alturas...?
- Un entrenador de Miami, que lleva a gente muy buena, me dijo que yo estaba trabajando con un diamante en bruto, que lo increíble es que tuviera cuarenta años y estuviera todavía sin pulir. Fue un niño prodigio del golf y todavía es un adolescente del golf.
- Pero ahora está Tiger Woods.
- Por eso los treinta metros que ha ganado con el swing y alguno más que pueda ganar son vitales. Tiger ha obligado a estirar todos los campos porque en los pares cinco llegaba al green con dos golpes. Con los hoyos estirados, Olazabal pasó de terminar un torneo con 18 bajo par a hacerlo con dos bajo par. Como tú no llegabas en dos golpes sino en tres, sólo en los pares cinco cedías a los pegadores cuatro golpes cada día. Pero el caso de Tiger es especial.
- ¿Por qué lo dice?
- Tiger es un gran atleta. Le he visto levantar 140 kilos en series de pectorales como un campeón de cien metros. Una barbaridad. Es un jugador sin precedentes y si le preguntan por un rival al que admire, hablará de Olazabal. Además Tiger tiene un secreto.
- ¿Un secreto...?
- Un secreto que le enseñó su padre. El secreto de los diez pasos. Tú puedes cabrearte porque das un golpe malo, pero después de dar diez pasos se te tiene que olvidar. Con ese truco no necesitas psicólogo. Su padre era marine y a veces le hizo entrenarse con los marines. Sigue trabajando al máximo de exigencia. Sigue levantándose a las cinco cada mañana.
- ¿Eso de los diez pasos sería bueno para muchos deportistas?
- Sí, para Olazabal también. Si Txema da un mal golpe a los diez días se va a seguir acordando.
- A pesar de los treinta metros que ha ganado, este año ha habido torneos en los que ha tenido altibajos que antes no eran frecuentes.
- Puede ser. Yo se lo achaco a que el cambio de swing todavía no está automatizado del todo. Tiene que acordarse en cada golpe del sitio en el que tiene que poner el palo. Va a mejorar en eso también. Lo que pasa es que tiene una mentalidad ganadora muy fuerte. Para lo bueno y para lo malo. A Txema le cuesta aceptar una mala vuelta. Se exige mucho.
- ¿Le hace un plan de entrenamiento cuando no está aquí?
- No lo necesita. El lunes viaja. El martes sale a ver el campo. El miércoles juega el Pro Am y el jueves empieza el torneo. No tiene tiempo. La gente no se da cuenta, pero la vida del jugador de golf es durísima. Y si no pasas el corte, no cobras un duro. Si andas mal, el golf te puede costar dinero.
- ¿Es difícil preparar a un golfista?
- La dificultad no depende de la modalidad, sino de las personas con las que trabajas. Enseñarle a Txema ha sido la mar de sencillo. Absorbe toda la información con mucha facilidad. A otros les cuesta años. Se implica tanto, tiene tanta confianza en el trabajo y tanto amor por su profesión, que de cualquier problema que se le presente, sale reforzado.