Rataplanes lejanos en la noche
De Estados Unidos a Argentina y de A Coruña a Murcia, los sones
de Sarriegui dieron la vuelta al mundo en una noche en la que la distancia no impidió a los donostiarras rendir tributo a su patrón.DV.
Los tambores de Gaztelubide también se dejaron oír a medianoche en Nueva York o en Seattle. Y no lo decimos sólo por las retransmisiones ofrecidas en directo a través de diversos medios, sino por la tamborrada que estrenó el Basque Club, la euskal etxea existente en la Gran Manzana, gracias precisamente a los tambores cedidos por la citada sociedad donostiarra. Su lehendakari, Itziar Albisu, señala que «cuando Juan Mari Abad y José Antonio Salas nos visitaron hace dos años, dejaron un trozo de San Sebastián aquí». Las decenas de personas que asistieron a su monthly dinner o cena mensual, preparada por la propia Albisu y el antiguotarra Joseba Aldasoro, tuvieron ocasión de comprobarlo.
Con no menos intensidad se vivió el arranque festivo en otros centros vascos, como el de Caracas, que cuenta con una compañía infantil y otra de adultos; el de México, donde Alfredo Jover ejerció de Tambor Mayor; o el de la ciudad argentina de Necochea, cuyos responsables adelantaron veinticuatro horas la celebración.
En Puerto Rico, sin embargo, ésta se ha atrasado casi un mes. «Nos hemos dado cuenta tarde de que no tenemos ni los atuendos propios de un tamborrero ni los útiles para seguir la música de Sarriegui. Los hemos solicitado a un comercio donostiarra y en lo que los recibimos, hemos trasladado la fiesta al 17 de febrero», explica Eduardo Cifuentes, presidente de Vascos en Puerto Rico.
Los redobles más tristes
En las principales ciudades españolas los rataplanes sonaron sincronizados con los de la Plaza de la Constitución. Así sucedía en el exterior del restaurante Jai Alai de Madrid. Tras una cena en la que pudieron degustarse las preciadas angulas, los 45 tamborreros pusieron banda sonora a la izada de la bandera con una marcha muy lenta y solemne en recuerdo de uno de sus integrantes, Iñigo Zurita, el donostiarra fallecido hace escasas semanas en Formigal.
«Su vacío es irreemplazable. Incluso nos habíamos planteado no tocar este año, pero creemos que es lo que a él le hubiera gustado», comentaban los responsables de la tamborrada de Jai Alai ante el más de un millar de personas congregadas en plena calle durante los diez minutos contemplados en el permiso concedido por el Ayuntamiento de Madrid para desarrollar el acto.
En ese mismo momento, los donostiarras residentes en A Coruña rendían, palillos en mano, su particular homenaje al patrón de la capital guipuzcoana. Lo mismo sucedía en el comedor de Gure Txoko de Valladolid y en el Centro Vasco Navarro Laurak Bat de Valencia. El eco de los tambores se extendía, asimismo, hasta Murcia y Barcelona. El Centre Cultural de la Ciudad Condal reunía a cerca de 300 personas dispuestas a emocionarse con su tamborrada.
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