La actuación del Orfeón, los pins de los niños tamborreros o hasta la declaración del día 21 como festivo han sido temas de sobremesa.
A. Vozmediano/A. Munguía | DV. San Sebastián
La coincidencia es casi total a la hora de calificar este San Sebastián como «redondo», «de diez» y hasta de «histórico», si se es muy entusiasta con la pasada fiesta. Pero un día que se vive con tanta intensidad siempre es motivo de pequeños debates de sobremesa sobre las novedades de este año o, incluso, sobre aspectos más o menos institucionalizados.
Y como era previsible, la participación del Orfeón Donostiarra en la izada es uno de ellos. Y es que su actuación, programada en homenaje del 75 aniversario de la sociedad Gaztelubide no dejó indiferente a nadie.
Ha habido desde quienes consideran que esta presencia se tiene que institucionalizar a futuro generando una nueva tradición de izada con el Orfeón cantando junto a los tamborreros - «es un nuevo atractivo para ese momento, proyecta aún más la fiesta hacia el exterior y, sobre todo, redobla la fuerza de este emotivo acto»- a quienes piensan que el coro no debe restar protagonismo a tambores y barriles y que su escenario es otro. «La plaza de la Constitución no es el Kursaal, y se resta fuerza a unas partituras muy populares que buscan más el cántico de los presentes que unas voces perfectas».
El Orfeón Donostiarra actuó en el tablado de la plaza durante su centenario, en 1997, aunque esta vez en la arriada de la Unión Artesana, que ayer volvió a subir al escenario a dos dantzaris durante la Marcha de San Sebastián. Su presencia se ha hecho ya habitual, y algunas otras tamborradas parece que empiezan a incorporar esta figura.
La presencia del Orfeón no es el única motivo de debate festivo. Este año, los niños de la Tamborrada Infantil recibieron como regalo un pin que refleja el logotipo de este acto. Para algunos, la idea era lógica, ya que este tamborrero que unifica todas las compañías de chavales se acaba de estrenar y además, dicen, es más resistente que la tradicional medalla conmemorativa por la participación que entrega el Ayuntamiento.
Otros, sin embargo, echaron de menos ese obsequio más tradicional, esa que los niños se colocan en la guerrera y que simboliza cuántas veces y en qué año han participado. La medalla, cada año distinta, la han echado de menos sobre todo quienes intervenían por primera vez.
¿Realza la fiesta el hecho de que el 21 no sea día laborable? Esto sólo ocurre cuando San Sebastián es domingo y tras un decreto de Alcaldía, pero para algunos donostiarras, esto permite disfrutar de la arriada y dar un aire más completo «a la que es nuestra fiesta grande».
El papel de algunos preparadores a lo largo del desfile de los niños se considera excesivo por parte de algunos espectadores. Algunos proponen que sea más secundario o, incluso, hay quien plantea que vayan vestidos de cocineros o aguadoras. Se debate también si la Marcha de San Sebastián podría interpretarse en más ocasiones durante la Infantil. Y es que ahora sólo se escucha en Alderdi Eder, ya que se decidió suprimir su interpretación cuando todas las tamborradas estaban ya desfilando por las calles, un momento que ahora no se produce.
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