El domingo, cumpleaños de su hermano Iñigo Sebastián, Borja estará en Milán donde, cuentan los libros sacros, nació o fue instruido en la milicia nuestro santo patrón.
Begoña del Teso | DV. San Sebastián
Anda liadísimo en la preparación de su primer largometraje, algo titulado Pagafantas y subtitulado Sin comerlo ni beberlo, perpretado en oscura complicidad con el guionista Diego San José. Preocupado por sus dolorosísimos ataques de gota (la enfermedad que se llevó de este mundo al emperador Carlos V), orgulloso aún del récord guipuzcoano que en natación mariposa conquistó de joven su padre, y sin olvidar a su grupo musical favorito, (Doctor Chinarro, ¿cuál si no?), logramos que Borja Cobeaga, alias Korba Bokeaga, recuerde sus lejanos sansebastianes.
- ¡Formaste en la tamborrada de Jesuitas! Eso imprimirá carácter.
- Jó que sí. Para mí fue como si me hubiera caído en la marmita de Panoramix.
- ¿Quieres decir que te identificas con Obelix? Cayóse de niño en el caldero de la poción mágica y nunca más la necesitó para despanzurrar romanos.
- Más o menos igual. Estuve dándole a los palillos desde los seis a los 15 años.Cuando abandoné las filas de la compañía pensé que, al menos, seguiría yendo a verles tocar. Pero a la misma edad empecé a salir por la noche. Con los amigos. Y cuando sales el 19 de enero para tí el día 20 deja de existir. Sobre todo si primero arrollas en Lo Viejo y luego tomas el camino a San Bartolomé. Creo que desde hace 15 años para mí el 20 de enero es, simplemente, el día del cumpleaños de mi hermano Iñigo Sebastián.
- Oye, ¿tú también luces dos patronímicos antes del apellido?
- ¿No te parece bastante con que mi único nombre se haya convertido en sinónimo de niño pijo?
- También tienes razón, perdona. Prosigamos: fuiste Tambor Mayor de Jesuitas. Vaya categoría...
- No te creas. Sólo lo fui de la segunda compañía.
- ¿Eso es como ser el director de la segunda unidad en el rodaje de una superproducción?
- Yo te diría que menos. No experimenté ninguna sensación de ordeno y mando. Como si entrenases un equipo de Segunda.
- ¿Te refieres a entrenar a la Real, al Eibar o al Sporting de Gijón?
- Rectifico, rectifico. Como entrenar a un Segunda B. Para mí, preparar un equipo de territorio Champion's era tocar el tambor.
- Lo hiciste, ¿no? En ocho años de formar en la Compañía...
- No, no lo conseguí. Y te juro que hubiera matado por ello. A mí, el barril ni me gustaba ni me gusta. Suena como si estuvieras golpeando un árbol. Soñaba año tras año con ser tambor. Me encanta el tacto de la piel, del cuero. Al final, un enero me eligieron tamborrero. Fue increíble... Pero agarré un trancazo de caballo. De percherón. Yo le decía a mi madre que o salía o me moría. Pensamos en ponerme debajo del uniforme muchos periódicos. Más que en otros años. Para el frío, ya sabes. Pero no pudo ser. Mi gripe era espectacular. Mi fracaso, total. y nunca toqué la piel del tambor.
- ¿Contamos lo del sombrero?
- Como es notorio (mirar foto) yo tengo cabezón...
- Hombre...
- Es así y punto. Por lo tanto, cae de cajón que necesitaba talla grande de sombrero. Bueno, pues año tras año pasaba por el proceso traumático de que me probaran gorros que eran flagrantemente inapropiados para el diámetro de mi cabeza. Yo sabía mi talla. Los encargados de vestuario, también pero ejercían año tras año ese puntito de sadismo...
- A mí me querían cantinera y yo soñaba con ser general. Venguémonos, filmemos una película que suceda el 19-E.
- Asesinato en La Konsti... Como en el partido de tenis de Extraños en un tren (todos miran a la pelota excepto el asesino que vigila a su víctima), el gran pueblo donostiarra estaría entregado a la izada de la bandera o al lanzamiento de huevos al alcalde. Sólo el psicópata protagonista (disfrazado de cocinero, por supuesto) no apartaría los ojos de su presa que, ignorante de su destino, baila la polka y toca el tamborcillo.
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