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Risi-Marvulli, la perfección

Mikel Astarloza fue segundo junto a Marco Villa e igualó el podio que consiguió en 2004 con el alemán Dörich, que ayer colgó la bicicleta. La sorpresa vino por parte de los checos Lazar-Kankovski, terceros

SAN SEBASTIAN. DV.

En las Seis Horas de Euskadi de las despedidas, Llaneras, Kappes y Dörich, de momento, volvió a surgir la mejor pareja del mundo en las pruebas de Seis Días. Bruno Risi y Franco Marvulli rozaron la perfección en un velódromo. No es sólo la forma en la que ganaron, sino el control de la carrera que tuvieron. Explicarles a los aficionados que vieron la prueba la fuerza con la que arrancan no es decirles nada nuevo.
Lo que sí se vio de forma mucho más nítida es cómo Risi va moviendo peones en la pista, la forma en la que diseña los movimientos, como si de un ajedrez rodante se tratase, cambiando piezas por personas. Risi decide cuándo se ataca, la forma de hacerlo. También saca partido del esfuerzo de otros. Una pareja que roza el éxtasis táctico y técnico. Físicamente pueden tener algún problema si la carrera se endurece, si se va muy rápido. Marvulli, cuando Risi lo deje, contará con un bagaje de experiencia que no tendrá precio.
Los 45 minutos de la americana final llegaban con cinco parejas con posibilidades, sin vueltas perdidas. Lazar-Kankovski, Astarloza-Villa, Juan Curuchet-Walter Pérez, Risi-Marvulli y Beikirch-Aesbach. Todavía se rizó más el rizo cuando al último sprint, que tenía puntuación doble, llegaban empatados a 43 puntos Mikel Astarloza-Marco Villa por un lado y Franco Marvulli-Bruno Risi por otro. Los suizos tienen una velocidad, dos o tres más que muchos de sus rivales y la hicieron valer. Sumaron diez puntos, por seis de la pareja guipuzcoano-italiana. Los suizos conseguían algo que hasta el momento sólo habían podido lograr Svendsen y Bausager, en 1979 y en 1980.
La gloria en los dedos
Los actuales campeones del Mundo de americana maniataron en el momento cumbre de la tarde-noche a una pareja que nos hizo soñar durante algunos minutos en la posibilidad de volver a ver en lo alto del podio a un corredor guipuzcoano.
Tuvieron la gloria en los dedos, la vieron, y terminó perdida en el cemento. Estuvieron cerca, casi lo saborearon. No hay que buscar ninguna pega. Risi y Marvulli ganaron cuando y como quisieron.
Lo que supone Bruno Risi en el mundo de la pista se refleja perfectamente en la palabras que nos dijo hace unos días: «El peligro vendrá de los países del Este, con parejas que apenas se ven en las pruebas de Seis Días, de las que atacan y revientan la carrera o ganan».
Resultaron proféticas. Las Seis Horas de Euskadi 2008, que han vuelto a coger aire de una forma importante después de la vuelta a la normalidad que se produjo en 2007, han visto por primera vez en su larga historia, 28 años, la aparición de una pareja checa en el podio, de hombres del Este de Europa, ciclistas con hambre de triunfo, de labrarse un porvenir.
Ese puesto lo ocupaban Lazar y Kankovski, que estuvieron muy cerca de quienes dominaron en la americana final una tarde que fue hirviendo a medida que discurrían las pruebas.
Si hay que escoger determinados momentos, uno se queda con la americana final. Se sabe que todo va a estallar en el Velódromo. La tensión acaba por romperse. No hubo compasión con nadie.
El carrusel de ataques lo comenzaron Asier Maeztu y Gorka Agirrezabala. Luego llegarían Sergi Escobar y Llaneras, con un rodar elegante, que parece no avanzar pero suma metros de forma vertiginosa.
Y a partir de ese momento se rompió todo. La pista se volvió loca. Se corría a cara de perro. Astarloza, Torrent, Agirrezabala de nuevo y Kankovski iban cogiendo relevos, desgastando las pocas fuerzas que les quedaban a los corredores.
Risi y Marvulli cogerían vuelta. Más tarde lo harían Mikel Astarloza y Marco Villa, junto a Lazar-Kankovski. Joan Llaneras, un luchador, no se conformaba con un guión que parecía escrito de antemano, más que nada por el poderío de los suizos. Ocho triunfos en doce pruebas de Seis Días no admiten ninguna discusión.
Un principio con final
Han dejados las migajas para otros. Todo terminaba entre burbujas de champán, flores y aplausos. No hay que engañarse. Los 45 minutos de la americana final son insufribles.
La primera americana en las Seis Horas de Euskadi deja el camino muy perfilado de lo que se van a encontrar los participantes.
Junto a las tres parejas que ocuparon el podio, estaban Allan Davis-Stam, Juan Curuchet-Walter Pérez, Beikirch-Aesbach y Llaneras-Torrent, un dúo al que le ha faltado tiempo para poder moverse en un ritmo infernal. Se caerían de ese grupo en la segunda americana Davis-Stam y Llaneras-Torrent.
Era un principio que marcaba el final, empezando una limpieza lenta, silenciosa, sin ninguna piedad que dejaba fuera de la noria del anillo a los más débiles.
Se cayeron, pero no bajaron los brazos. Intentaron complicarles la vida a Risi y Marvulli. Y volvemos al comienzo, a la forma de dibujar las estrategias, de sacar partido de las ganas de los jóvenes, de la experiencia de los veteranos, a provocar ataques que rompiesen el ritmo de Llaneras, de Torrent, de Maeztu, de Astarloza...
No dejaron nada, ni a nadie tranquilo. Por si quedaba alguna duda, los suizos cogieron vuelta. Mostraron su poderío y dejaron que otros se pegasen por el honor del podio.