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El tren de Sóller

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IÑAKI IZQUIERDO| El Análisis | 22.10.06

Un tren encantador une cada día, desde 1912, Palma de Mallorca con Sóller, un precioso pueblo costero al oeste de la isla. El recorrido es corto, apenas 30 kilómetros, pero su construcción fue uno de esos trabajos sorprendentes que ilustran lo que es capaz de hacer el hombre si se lo propone. No hay nada extraordinario en trazar una línea de ferrocarril de 30 kilómetros a principios del siglo XX, pero la obra tuvo un obstáculo importante para la época: la sierra de Tramuntana. Los ingenieros diseñaron un túnel de casi tres kilómetros para superarlo y aquel tren que en su día sirvió para que las excelentes frutas de la zona de Sóller pudieran llegar a la capital y de su puerto al mundo hoy es uno de los atractivos turísticos más demandados de Mallorca.

La Real también quiere subirse hoy al tren de la Liga en Mallorca. Probablemente, Palma no sea la última estación, porque el fútbol tiene la gran virtud de dar nuevas oportunidades de luchar, pero la Real necesita ponerse en marcha porque el movimiento, desde antes de que se inventase la máquina de vapor, se demuestra andando.

El tren de Sóller no va rápido y la Real no puede ir rápido. El tren de Sóller cubre su trayecto día tras día, sin pausas desde 1912. La Real también necesita no detenerse nunca, hacer cada día el tramo de camino que le corresponde para llegar a su destino. El tren de Sóller sale de Palma con el sol del verano, una estación optimista, como sucede en el fútbol, y pronto se mete en el túnel. Casi tres kilómetros de oscuridad son muchos si no se sabe que el túnel se termina. Si hay perspectiva, el tránsito es negro y frío, pero siempre hay luz al final.

Y cuando el tren de Sóller supera la sierra de Alfabia y sale a la luz se abre un panorama totalmente distinto al que había antes del túnel. Un fantástico mirador elevado ofrece la perspectiva abierta de un valle, con frutales y Sóller al fondo. Sólo con salir del túnel, el esfuerzo ha merecido la pena.

Es otra isla, casi otro mundo. Más auténtico, más esperanzador, lejos del fast food, vuelos baratos y barra libre hasta el amanecer de la bahía de la capital. Un ambiente más de casa, más cómodo para quien está acostumbrado a las distancias cortas, a conocer al vecino y sentir los colores, los de la montaña o el equipo de fútbol, dentro del corazón.

En verano, el tren de Sóller no se para en la estación del pueblo. Se sale del túnel, se baja al valle, se sube al tranvía y se llega al puerto, una pequeña bahía acogedora. Y de ahí, si sigue el buen tiempo y el verano es como debe ser, se puede seguir en barco hasta Sa Calobra y respirar hondo. La Real sigue en en túnel, pero el camino no termina ahí.

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De: Uno de la Real

16/01/2008 a las 16:58:31

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