El martes se jugará aquí, en Villarreal, una semifinal de la Copa de Europa. Nada en este lugar recuerda al sabor legendario de la competición más bella del mundo del fútbol, la más exquisita, la más selectiva, la más difícil. El Villarreal, el equipo, es una isla dentro de un entorno desprovisto de cualquier barniz de reminiscencias futbolísticas.
Nada recuerda al romanticismo del partido del miércoles en Highbury Park. El presidente y creador del Villarreal, Fernando Roig, se quejó ayer de haber tenido que jugar en el histórico campo y se atrevió a decir que «había escenarios mucho mejores en Londres para jugar», lo que revela bien a las claras su visión del fútbol, muestra su nivel de respeto por el deporte al que juega su equipo y define el modelo que lleva adelante.
Esa visión de nuevo rico arrogante que se permite dar lecciones a quienes ya trabajaban para engrandecer el fútbol hace varias generaciones retrata bien el camino que sigue este Villarreal, que en lugar de sentirse orgulloso y guardar para siempre en la mejor de sus vitrinas el privilegio de haber sido el último equipo que jugó un partido europeo en un estadio como Highbury se queja de que que el campo es viejo y no le gusta. Nada de esa autenticidad que se respira en el estadio del norte de Londres se percibe en El Madrigal. Si acaso, que el campo, como los de Inglaterra, no se ve y de repente aparece entre casas de la forma más inesperada. Sin embargo, aquí se jugará una semifinal de la Liga de Campeones dentro de tres días.
Pero antes, hoy, jugará la Real. El equipo blanquiazul llega al partido en un buen estado de forma y de moral, el mejor de los últimos meses. Ha encontrado un estilo de juego, que le ha dado buenos resultados en los tres últimos partidos, y ahora quiere enlazar la mejor racha de la temporada puntuando en cuatro jornadas consecutivas.
Enfrente estará un sucedáneo del Villarreal, pero lejos de ser algo que genere inquietud -«no sé si sería mejor que jugasen los titulares a que salgan estos», se oyó ayer a algún aficionado en el entrenamiento- debe ser tomado como lo que es: una ventaja que no se puede desaprovechar.
En Primera, la mayoría de las veces las diferencias son mínimas y los partidos se ganan o se pierden por detalles. Pocas veces un rival da tantas facilidades como las que dará hoy el Villarreal con su alineación y la Real debe sacar a relucir toda su voracidad para no dejar pasar la oportunidad. Si el partido del Villarreal es el martes, mejor para la Real.
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