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El autobús milagroso IÑAKI IZQUIERDO| El Análisis | 21.03.07 Un jugador de los que paseó por las calles de Donostia en el autobús descubierto hace cuatro años por el subcampeonato cree que si la Real se salva la celebración será aún más grande que aquella. Y tiene razón. Así de grave es la situación. Así de fuerte sería sacarla adelante. Después del triunfo ante el Mallorca y el empate de Villarreal la tentación de pedir que vayan limpiando el autobús se extiende por Gipuzkoa. El fútbol tiene estas cosas. Siempre da una segunda oportunidad, por mal que se hagan las cosas. La Real, después de ganar sólo tres partidos en toda la Liga aún está autorizada a soñar con la salvación. El rayo de optimismo que han dejado los últimos resultados y la progresión en el juego del equipo no pueden ocultar las dificultades. Remontar nueve puntos en once jornadas y adelantar a tres equipos es una tarea en la que sólo se puede confiar envuelto en la bandera blanquiazul. Nunca ha habido un momento tan indicado para sacar las banderas y las bufandas del cajón como éste. El momento exige una adhesió incondicional, pero eso no significa olvidar los motivos que han llevado a la Real a esta situación. Una salvación heróica, otro autobús en las calles de San Sebastián, no pueden servir para que se pretenda pasar de puntillas por todo lo que ha sucedido. El club, pase lo que pase, haya autobús o no, necesita iniciar un proceso de renovación integral de sus estructuras ya que el fracaso es inevitable. Ya se ha consumado. Si la temporada termina en descenso, el fracaso estará a la vista. Si hay hazaña, sería un disparate tratar de no verlo. Es impensable que no haya cambios profundos y amplios en el club. La situación en que vive la Real exige algo similar a una refundación a todos los niveles, porque aunque la crisis deportiva es galopante y lo absorbe todo, la situación económica y social no son mucho mejores, con unas cuentas que habrá que ver cómo se cuadran y la pérdida del 20% de los abonados en dos años. Una empresa de 35 millones de euros de presupuesto debe ser capaz de afrontar simultáneamente esas cuestiones. A veces, la frase 'no es el momento para hablar de...' oculta una voluntad de aplazar y tratar de olvidar problemas, que a la larga generan problemas más profundos y de más difícil solución. Si al final del camino espera el autobús, razón de más para actuar en serio. |
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