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Hijos del potrero, aún

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IÑAKI IZQUIERDO | El Análisis | 03.12.06

Yo no sé si nosotros éramos chicos de la calle; más vale éramos chicos del potrero. Si los viejos nos buscaban, sabían dónde encontrarnos. Ahí estábamos, corriendo detrás de la pelota. (...) Siempre jugábamos a la vuelta de casa, en las Siete Canchitas. Eran unos potreros enormes, algunas canchas tenían arcos y otras no, (...) pero eran maravillosas para nosotros. Eran de tierra, de tierra bien dura. Cuando empezábamos a correr se levantaba tanto polvillo que parecía que estábamos jugando en Wembley y con neblina».

Así relata Diego Armando Maradona en sus memorias, Yo soy el Diego, sus primeras patadas a un balón en Villa Fiorito, el barrio de Buenos Aires donde nació. El potrero es el descampado, el trozo de tierra, la parcela irregular donde los niños jugaban, y aún juegan en algunos lugares, en Argentina y donde la mitología futbolística sitúa el origen de varios de los más grandes, entre ellos Maradona.

Del potrero siguen saliendo jugadores como el Kun Agüero y este otoño la Real ha puesto sus ojos en Argentina, en busca de talento para el equipo. Federico Higuaín y Óscar Cardozo encabezan la lista de la Real, que ha ido a pescar a una fuente inagotable de futbolistas a la que hasta ahora no había recurrido demasiado. Higuaín sólo es hijo sentimental del potrero -en la medida en que todo el fútbol argentino lo es- ya que su padre fue futbolista profesional en Europa. Cardozo en cambio representa el paradigma de jugador de origen modestísimo, aunque en versión paraguaya. Treinta años después de Maradona, hijos del potrero, aún.

Y, sin embargo, la Real encuentra dificultades para fichar. Un jugador que no lleva ni medio año en Argentina, Cardozo, es caro. ¿Qué puede fichar la Real, entonces? Higuaín jugará en la Real a partir de enero, pero lo hará como cedido. A nada que rinda, su valor se multiplicará por diez y la Real no se beneficiará de esa plusvalía. Lo mismo le pasó con Mark González, que llegó de Liverpool roto y con valor cero y volvió héroe y a precio de oro. El círculo vicioso es terrible para un club como la Real. Lo que quiere comprar es caro y lo que revaloriza no le pertenece.

Pero esta escapada argentina tiene otra lectura. La Real ahora apunta alto, a jugadores de nivel en una liga competitiva. De nuevo, y van unos cuantos años, afina en el mercado invernal. ¿Por qué hace falta que llegue el agua al cuello para que se eleve el nivel de exigencia en los fichajes? ¿Hay demasiada poca tensión en verano y vale fichar cualquier cosa? Debe haber alguna explicación...

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De: Uno de la Real

16/01/2008 a las 16:58:31

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