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Éxito inmediato IÑAKI IZQUIERDO | El Análisis | 01.10.06 El Deportivo era un equipo desconocido, salvo para los viejos aficionados, que sí recordaban al equipo gallego y algunos de sus jugadores históricos. Pero, en la década de los noventa del siglo pasado, el nuevo Depor llegaba a Primera División y entraba por la puerta grande. En dos años, se colocó a once metros de ganar la Liga, como si el éxito absoluto pudiera conseguirse de forma inmediata, como si el camino de años y años de los demás equipos fuera un ejemplo de ineficacia ante la fórmula mágica de Lendoiro. Aquel penalti fallado puso al nuevo Deportivo en la senda del éxito. Le enseñó que el triunfo fácil, sencillo, rápido y espectacular es inconsistente y que el deporte es más una historia de sacrificios y lucha por mejorar que un recuento de trofeos. A diferencia de lo que sucedió con otros tantos «ejemplos a seguir» de los que hoy no se sabe nada, el Depor construyó un proyecto y son ya casi veinte años al máximo nivel, jalonados por éxitos importantes y mucho trabajo. Lendoiro aprendió con Djukic que el éxito a la primera no existe y que el fútbol es desagradecido. Un repaso a la trayectoria del Deportivo en los últimos 20 años revela un desarrollo espectacular y una consolidación en la élite indiscutible. Pero el fútbol es amnésico y la gente ya no va a Riazor. La Real que empezaba a jugar en Anoeta conoció en sus viajes a La Coruña un estadio viejo, con sus pistas de atletismo y abierto al viento que entraba del mar. Hoy, cuando la Real sigue en su estadio, Riazor es un campo de fútbol precioso para jugar y que arropa al equipo de casa. Pero la gente ya no va tanto, se aburre. El club gallego está o estuvo inmerso en una ampliación de capital eterna, que no avanzaba por ningún lado y casi ni se sabe si sigue en marcha o no porque da igual, nadie compra acciones. Lendoiro dijo que tenía inversores extranjeros dispuestos a aportar las cantidades necesarias para hacerse con el club. Nadie quería acciones en La Coruña, pero todo el mundo se opuso a que alguien viniera de fuera a comprar el Depor. Al mismo tiempo, todo el mundo critica la pérdida de poder deportivo del equipo. Ya no llegan bebetos, maurosilvas, rivaldos, djalminhas... Ahora se fichan barraganes, arbeloas, filipeluises, y rikis. El fútbol atraviesa un momento crítico para los clubes de mediano tamaño. Nada de lo que pueden ofrecer parece contentar a sus aficionados, que cada vez son menos incondicionales y más propensos al intercambio comercial. Compran si les interesa el producto. Si no, ven la Champions en la tele. La sociedad es así, consumidora de éxito inmediato, y el trabajo de veinte o cuarenta años, mil o dos mil partidos hoy es ya pasado..
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