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El círculo vicioso de los fichajes La excesiva movilidad de la plantilla impide la consolidación del rendimiento y la falta de resultados obliga a buscar cambios. El Consejo de Miguel Fuentes ha incorporado a quince jugadores en 19 meses de gestión.
Una de las causas de la crisis de la Real, si no la principal, es el fracaso en la confección de su plantilla. En 19 meses de gestión, el Consejo de Administración de Miguel Fuentes ha incorporado a quince futbolistas y ha tenido a cuatro entrenadores en el banquillo, signo inequívoco de que las cosas se han hecho mal. Denonerreala, nombre bajo el cual esta directiva se presentó a las elecciones, organizó una estructura deportiva con Fuentes y Jesús Zamora como cabezas visibles, que eligieron a José Mari Bakero como director deportivo o responsable del primer equipo. En definitiva, como hombre fuerte. Al llegar al club, se encontraron a José Mari Amorrortu en el banquillo, un entrenador que no era de su agrado y, además, era del anterior Consejo. La Liga comenzó bien, pero las lesiones de Kovacevic y Aranburu descabezaron al equipo y empezaron a faltar los resultados. Amorrortu no estaba respaldado y su relevo era cuestión de tiempo. Tras los ocho partidos de Gonzalo Arconada, Bakero bajó al banquillo y salvó al equipo. Los fichajes de Mark González y Skoubo fueron claves. Bakero decidió seguir en el banquillo y el Consejo aceptó, aunque no había unanimidad al respecto. Su proyecto se situó en las antípodas del que llevaba adelante Amorrortu, buscando el valor en los jugadores de cantera, y, contra muchos pronósticos, encontrándolo hasta el punto de convertirse en uno de los mejores entrenadores que ha tenido la Real en muchos años. Bakero intentó otro camino. Hizo una apuesta arriesgada, por distinta a lo que había hecho siempre la Real y contrapuesta al proyecto de Denonerreala en las elecciones. Buscó en el mercado de la Liga y fichó a Gerardo, Juanito y Rivas. Forzó las costuras tradicionales de la Real, lo que hace que el flojo rendimiento de estos jugadores -sólo Juanito es habitual- se haya convertido en fracaso. De todos los fichajes, hay algunos que ya ni están en el club (Felicio y Rossato más los cedidos) y un buen número que tienen un papel mínimo (Novo, Stevanovic, Rivas...). De los demás, sólo Bravo ha justificado su llegada a la Real, a la espera de lo que haga Savio. Demasiado poco para quince incorporaciones y un gasto superior a los diez millones de euros. El problema de los fichajes es un círculo vicioso. El equipo no funciona y hay que fichar, pero esa excesiva movilidad impide que se asiente un rendimiento mínimo y haya una idea y un esquema de juego claros. Eso conduce a una desorientación como la que vive ahora el equipo, que no sabe a qué juega ni con quién. Lotina no ha puesto freno a esa ruleta rusa, sino todo lo contrario, con tres nuevos jugadores, más Jesuli, y el organizador que al final no ha llegado. Hacían falta refuerzos porque lo anterior no funcionaba, pero los nuevos necesitan tiempo, justo lo que no tiene la Real, con lo que la solución se antoja imposible. Lotina había hecho lo más difícil, sacar más a la plantilla que tenía. Mejorar lo que había. Durante dos meses sólo perdió en el Camp Nou y logró sus dos únicas victorias. Iba a paso de tortuga, es verdad, pero avanzaba. Sin embargo, parece que la llegada de los nuevos altera eso que a duras penas funcionaba. Quizá la obligación lógica de que jueguen -si no para qué se les ficha- ha condicionado a Lotina, que se contradijo a sí mismo y su trabajo anterior en el derbi. Habrá que ver en los dos próximos partidos si trata de recuperar lo mejor de su trabajo anterior o apuesta decididamente por nuevos caminos. El nivel de la plantilla El núcleo del problema es el nivel de la plantilla. Si después de quince fichajes en 19 meses el equipo es peor que al principio es que todo falla. En este tiempo ha predominado dentro del club la tendencia a valorar a la baja el nivel de los jugadores de casa y apostar por fichajes de relleno que cubriesen necesidades secundarias del equipo, como trabajo, solidez, disciplina o fuerza en lugar de buscar la brillantez que, eso sí, falta en el equipo. Jugadores como Mikel Alonso, Garrido o Labaka, no deslumbrantes pero que atesoran de sobra ese tipo de virtudes para las que no hace falta buscar fuera, han venido ocupando un papel secundario. Sólo Uranga había conservado un protagonismo destacado, que ahora está en duda con las llegadas de Savio y Herrera. Ese grupo de jugadores cumplidores que se acumulan en la plantilla quizá eleven el nivel medio según criterios técnicos, pero no aportan puntos, que es lo que se busca con los fichajes. Bravo es un buen fichaje porque ha dado puntos a la Real. Se espera que Savio los dé, lo mismo que Skoubo. Quizá ése debiera ser el listón para poder fichar por la Real sin pasar por Zubieta: ser capaz de dar puntos al equipo. Obviamente, esos fichajes son los más difíciles y más caros. La Real no se ha manejado con acierto en el mercado en los últimos años y necesita de forma inevitable revisar sus criterios en esa faceta crucial de la actividad del club, una revisión tanto de sus criterios técnicos como económicos, que van unidos de forma total. El último fichaje de éxito de un jugador desconocido fue el de Nihat y costó seis millones de euros, lo que indica una tendencia del mercado. Eso sucedió hace cinco años. |
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