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Seiscientos kilómetros Desde Donostia a Villarreal hay seiscientos kilómetros, varios malos caminos y ninguno bueno. Por eso, cada temporada, el reducido equipo de enviados especiales de la prensa guipuzcoana a este rincón del mundo protagoniza un encendido debate sobre cuál es la mejor ruta a seguir. Jamás hay acuerdo. Decide el que conduce y punto, pero esa realidad no es óbice para que la discusión se caliente todos los años sin excepción. Los hay que apuestan claramente por Teruel. La línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, observan. Otros prefieren la autopista hasta Tarragona y después bajar bordeando el Mediterráneo. Son los conservadores, que valoran más la comodidad que la rapidez. Una minoría se mantiene fiel a la ruta por el Coll del Moro: hasta Bujaraloz por la autopista y cruzar en diagonal por Caspe y Gandesa hasta aparecer en Tortosa y enlazar con la autopista. Calculan distancias y tiempo y aseguran que este camino optimiza el uso de la autopista. Lo que no dicen es que yendo por ahí la Real ganó alguna vez y por eso quieren repetir, aunque la carretera sea infernal. Por último, están los improvisadores. Llegan a Zaragoza y cada año preguntan: ¿y ahora qué? Como después de toda la semana discutiendo no hay respuesta posible, la lección es puramente aleatoria y la expedición puede acabar por Belchite y Alcañiz sorteando curvas y patrullas de la Guardia Civil emboscadas en los cruces. Constatado el error, la frase más oída es 'ya lo dije yo'. Pero pasada la cuarta hora de viaje nadie protesta y sólo hay un objetivo común, llegar como sea a Villarreal, da igual el camino. Eso mismo le pasa a la Real, que para llegar hasta Villarreal ha recorrido mil caminos, todos llenos de polvo, curvas, charcos baches y obras, pero aquí está. Con sólo tres victorias, pero el equipo realista ha conseguido llegar a Villarreal cuando todo el mundo le daba por muerto y ya nadie le esperaba. Ha viajado fatal, peor imposible, equivocándose en cada cruce y pegándose cacharrazos en cada curva, pero aquí está, con el motor en marcha. Agotado, casi sin gasolina y cubierto de barro de los pies a la cabeza, pero en Villarreal, con la fuerza que le ha dado su última victoria, que sólo fue la tercera pero ha parecido la definitiva. No es el final del camino, pero otro triunfo en Villarreal sacaría a la Real de los caminos vecinales y le colocaría cerca de la entrada de la autopista. Si pasa este peaje, aún le quedarán muchos kilómetros por delante, pero si ha llegado hasta aquí... |
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