
Los técnicos de luz y sonido de La Oreja de Van Gogh trabajan ya en el montaje escénico de la gira.
La maquinaria de La Oreja de Van Gogh no descansa. Se encuentran en plena promoción por Suramérica de su disco A las cinco en el Astoria, y ya piensa en la gira. Para ello han puesto a trabajar a sus técnicos de confianza en el diseño del que será su equipo escénico. El pistoletazo de salida se dará el 1 de marzo, en el Kursaal donostiarra, a partir de ahí realizarán una mini gira de entre diez o quince conciertos por teatros y recintos cerrados, para seguir en verano por estadios y espacios al aire libre.
Los ingenieros de luz y sonido, Txabi Sarra y Borja Azpiroz, que acompañan al grupo donostiarra desde su primera gira en 1999 con el disco Dile al sol, aseguran que «el proceso para diseñar la estructura escénica de La Oreja de Van Gogh en sus directos tiene que cumplir diferentes etapas que lo hacen largo y complicado».
«En primer lugar -comenta Azpiroz-, desde Get-In (oficina que lleva al grupo) te piden que el equipo se ajuste a un precio y al tipo de aforo en el que prevén se vaya a actuar». Antes de diseñar el equipo «siempre hay que realizar un análisis riguroso de las posibilidades reales del grupo. Evitar que haya margen de error». Hoy en día hay dos circunstancias que hacen que, para esta gira, «el equipo que nos piden tenga, por supuesto, la más alta calidad, pero que sea algo menor en tamaño que el que se llevó para la gira de Guapa 2006. La razón es que, por un lado existe una situación económica general complicada que afecta a todo el mundo, y por otro, hay que tener en cuenta que en este momento se está a la expectativa de cómo va funcionando el disco A las cinco en el Astoria, con el cambio de Amaia por Leire en la voz». Estas circunstancias son determinantes para prever las contrataciones, y por tanto, los recintos a los que se va a actuar.
Así, de una estructura escénica de alrededor de 350 metros cuadrados que La Oreja llevo en Guapa, para esta nueva gira «estamos trabajando en una que rondará los 250 metros cuadrados. Lo que en la anterior gira se transportaba en seis trailers, para esta utilizaremos tres o cuatro. No obstante -puntualizan- mantiene el mismo equipo técnico que siempre les ha funcionado y en el que confían para ofrecer la mayor calidad».
«Lo nuestro es un trabajo de encaje de bolillos», comenta Azpiroz. «No puedes hacer tanto el equipo que tú quisieras como uno que sea muy flexible, una instalación que puedas llevar tanto a recintos de dos mil o tres mil personas y que, añadiéndole el material necesario y compatible, puedas terminar montando en recintos para diez mil o quince mil espectadores».
Con este concepto claro, «nosotros diseñamos estas dos estructuras -donde la grande es una prolongación de la pequeña-, que tienen que estar pensadas para ser transportadas en trailers. Además, también tenemos que tener en cuenta que parte de ese material hay que llevarlo a las giras por el extranjero, al menos todo lo que son controles (mesas de luz y sonido), así como microfonía, tomas de corriente, transformadores (en Suramérica la corriente es de 110 W), pantallas de vídeo...»
«Son aspectos fundamentales para elegir el material y configurar el diseño. Es básico tener en cuenta el tema de los desplazamientos, así como que el montaje y desmontaje de todo este tinglado sea ágil ya que en plena gira se actúa, en muchas ocasiones, varios días seguidos y en ciudades diferentes. Por ello el escenario tiene que duplicarse, para que, mientras tú tocas en una localidad, la otra estructura se esté montando en otro lugar». Una vez que oficina y grupo dan el visto bueno al diseño de estas dos estructuras y todo el componente logístico de transporte y personal que lleva acarreada, viene el trabajo «más artesanal y creativo» que tiene que ver, sobre todo, con la parte de la iluminación, que conforma, junto a las proyecciones audiovisuales y los decorados, la parte visual del espectáculo. «Para diseñar el juego de luces necesito unas pautas», comenta Sarra. «El grupo tiene que informarme de cómo va a ser, en líneas generales, el repertorio, si va a ir una parte acústica, si quiere personalizar algún momento de la actuación o, por ejemplo, cómo son las proyecciones».
«A partir de ahí, con un programa informático exclusivo, vas diseñando la coreografía lumínica a tiempo real y con la música de referencia, vas creando los movimiento de cada foco con el tipo de color deseado. Todo esto proyectado sobre una representación del escenario, en tres dimensiones, idéntico al que llevamos en directo. En definitiva, puedes ver exactamente los mismos efectos de luz que vas a provocar en el escenario real. Luego, el programa se controla de forma muy sencilla desde la mesa de luces».
En este campo, los avances técnicos marcan las tendencias que, en los últimos años, siempre vienen relacionadas con los focos móviles. «Por supuesto que miramos lo que hacen los demás», revela Sarra, «pero más que modas en los colores o en las formas de las luces, lo que cambia los diseños son los avances tecnológicos».
En cuanto al sonido, las pautas también las marca la tecnología. «El grupo suena de una manera y para conseguir ese sonido empleas los aparatos más eficaces y de mayor calidad que hay en el mercado, pero el sonido del grupo es el que es», afirma categórico Azpiroz.
Cuando se le pregunta por los vatios de sonido que van a llevar, Azpiroz contesta que «ese concepto está viejo. Eso impresionaba cuando te decían que los rollings llevaban no sé cuantos miles de vatios en su espectáculo. Hoy lo que pides son decibelios, que es la presión sonora. Antes para conseguir muchos decibelios era necesario tener muchos vatios pero hoy, con la optimización de los equipos, se pueden conseguir los mismos decibelios con muchos menos vatios puesto que éstos están mucho mejor aprovechados». De todas formas, y tras la aclaración técnica, Azpiroz asegura que «la Oreja llevará en directo la potencia necesaria para sonar con contundencia y calidad».
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