Ultiman su nuevo montaje, 'Golden Apple Quartet en blanco y negro', en el que las canciones se ponen más que nunca al servicio de una trama teatral en la que desnudan su árbol genealógico.
En el baúl de la Piquer dicen que cabían muchas cosas, pero el baúl recientemente descubierto en el desván de uno de los Golden Apple Quartet no le va a la zaga. En él han encontrado a los cuatro bisabuelos de este grupo de músicos, cantantes y actores donostiarras. Aunque sin rastros de huesos o ADN, se han topado con enigmáticas pistas. Cartas, partituras, diarios y trajes les han permitido reconstruir sus andanzas en los Estados Unidos, hasta que su pista se pierde por completo. Estos días el cuarteto Golden, al que se suma desde hace años Patxi Barco como director teatral, está terminando de investigar su árbol genealógico, justo para que el 28 de febrero y el 1 de marzo lo den a conocer en primicia mundial en el Teatro Victoria Eugenia. Lo van a llamar Golden Apple Quartet en blanco y negro y es su nuevo espectáculo con el marchamo de ironía, humor y buena música habitual. Aseguran que «el público va a ver la reconstrucción de lo que les sucedió a aquellos cuatro jóvenes cantantes y artistas de variedades que decidieron emigrar a los Estados Unidos a finales del siglo XIX, recorriendo el viejo Oeste, el profundo Sur o la bulliciosa New York. Hasta que en 1912 no se vuelve a saber de ellos».
Bisabuelos y bisnietos se van a cruzar en el escenario en un espectáculo que los Golden no dudan en resaltar como «el más teatral» de los realizados desde que en 1990 empezaron a ponerse bajo los focos, entonces para cantar a capella temas de gospel o blues. «Ya habíamos ido dando cada vez más importancia a la parte teatral, sobre todo desde que Patxi comenzó a trabajar con nosotros», explica Loyola Garmendia, director musical de la compañía. «También nos ha ayudado la experiencia de montar dos musicales con actores jóvenes», refiriéndose a las obras Galipotx y Karabas, dirigidas al público infantil y juvenil.
Otro de los Golden, Kike Otxoa, dice que el nuevo trabajo de la compañía «va a ser lo más cercano a un musical, pero a uno de los de siempre, en los que las canciones están escritas pensando en una historia y no al revés. Ahora en la mayor parte de los musicales la historia a contar es lo de menos». Profundizar en la parte teatral les supone «complicarnos la vida cada vez más, y en tiempos de crisis significa un esfuerzo extra. Pero en los momentos de tristeza colectiva intentamos alegrar la vida a los espectadores».
Habrá también en la función proyecciones cinematográficas. «Las rodamos nosotros y les hemos dado un aspecto antiguo, de los tiempos del cine mudo», explica Patxi Barco. Han incluido documentos gráficos de época -«que son auténticos y aportan verosimilitud»- y habrá una sorpresa con el programa de mano. Pasado y presente se van unir en escena «en una constante transformación de personajes que nos cuesta un trabajo especial, un gran esfuerzo físico, pero también mental y económico», reconoce Otxoa.
Habrá más novedades para su nuevo montaje. Una es que «por primera vez también cantamos en dúos e incluso en solitario, porque hemos querido exprimir las posibilidades musicales que tenemos cada uno», explica Loyola. La otra, «que, además de la risa, buscamos también un punto sentimental y tierno».