
En ella puede verse el «espectacular lunagrama que Wolff realizó en Donostia el pasado mes de noviembre», que con sus 30 metros está considerado como «la fotografía más grande del mundo».
«La fotografía no se limita a hacer un 'clik' en una máquina, es mucho más. Sobre todo es una aventura: voy por la calle y me sirvo de cualquier objeto; una lata de refresco, una caja de madera o un pimiento rojo para crear una imagen». Así entiende el arte de la fotografía el artista israelí afincado en Francia Ilan Wolff, que hasta el 29 de junio presenta en la sala Kubo-kutxa de San Sebastián una exposición que incluye una completa selección de sus trabajos realizados con la antigua cámara oscura o fotografía estenopéica. Un total de 60 instantáneas de este artista nómada que recorre el mundo en una furgoneta desde hace más de 20 años con su original obra llena de sutilezas y realidades.
Considerado un «mago de la luz o un artesano de la imagen», Wolff es uno de los pocos artistas que ha optado por las técnicas fotográficas más antiguas frente a los avances que le ofrece la tecnología didital. Este «ciudadadano del mundo» se decanta por la ancestral camera obscura, que ya utilizaron Aristóteles o Leonardo da Vinci, para crear unas obras impactantes y llenas de misterio.
Cajas de zapatos, de galletas, latas de Coca-Cola, cubos de pintura y pimientos rojos son algunos de los objetos, a los que abre pequeños agujeros para convertir en cámaras de foto, con la ayuda de la luz del sol o de la luna y papel fotográfico, pero siempre sin utilizar carrete. «Descrubrí esta técnica en mi época de estudiante y me sedujo de una manera muy intensa porque no soy amigo de las tecnologías ni de los aparatos con muchos botones. Y me decidí por esta técnica que se ajusta a mis características y a la que considero un puente entre la ciencia y el arte. Desde un principio quise recuperarla y devolverla a la actualidad: demostrar a los jóvenes que no sólo se puede vivir de la tecnología», asegura Wolff que se encuentra asismismo involucrado en la enseñanza de la camera obscura a niños y mayores gracias a talleres que imparte en las distintas ciudades por las que pasa. «Les enseño que la fotografía es una aventura, que pueden utilizar cualquier objeto para meter el ojo y observar el mundo. Un espacio hermético que da como resultado esas imágenes únicas, lejos de la tecnología y de la manipulación».
De todas las instantáneas que cuelgan de las paredes del Kubo, hay una que destaca por sus dimensiones. Se trata de Lunagrama, que Ilan Wolff creó recientemente en Anoeta y está considerada como la fotografía más grande del mundo sobre papel fotográfico. «Inmerso en la creación de Naturogramas a la luz de la luna llena fui consolidando el deseo o la necesidad de realizar una imagen Lunagrama. El tema sería el hombre, ocupando la naturaleza el lugar de marco contenedor. Para mí es una vivencia, un proceso, teatro».
Y Wolff cumplió su sueño: realizó en Anoeta una imagen que está elaborada mediante la exposición directa de la luz de la luna sobre papel fotográfico. Este trabajo, para cuya elaboración se necesitó la participación de 40 voluntarios y exigió la construcción de una cámara -laboratorio de 35 metros de largo con todos los utensilios necesarios para el revelado, dio como resultado una imagen en negativo de 30 metros y una imagen positivada también de 30 metros de largo por uno de ancho.
En otra sala se muestran las fotografías que Wolff ha captado de San Sebastián. Son imágenes de gran formato y retocadas con pintura que reflejan los rincones más emblemáticos de la ciudad: el puerto, el Ayuntamiento, la, Diputación, el Kursaal. «Ilan tuvo que venir en varias ocasiones para hacer las fotos que él quería. Había días que no salía nada por la lluvia o por la niebla... sin embargo otros trabajaba sin parar», asegura Juanma Arriaga, de la donostiarra Galería Kur, uno de los culpables de que este «proyecto, que en un principio estaba destinado para montar en una sala pequeña, haya crecido y se haya hecho realidad».
Por su parte, Wolff reconocía que esta «exposición es muy especial para mí, es como un sueño porque es la más importante que he hecho jamás al incluir distintos tipos de técnicas y de experimentaciones en un mismo espacio». Y es que otra de las salas del Kursaal acoge un tipo de fotografía más alternativa y abstracta que el artista realizó con la utilización de los cuatro elementos (aire, tierra, fuego y agua) sobre papel fotográfico con unos resultados espectaculares y muy poco vistos.
También los originales y curiosos objetos-máquinas de fotos (botes, cajas, latas de refrescos) del fotógrafo forman parte de una amplia muestra en la que además se proyectará un documental sobre la vida y la larga trayectoria artística del mago de la luz.
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