
El fotógrafo Daniel Mordzinski retrata a los grandes autores latinoamericanos. La muestra durará hasta septiembre.
Daniel Mordzinski, fotógrafo argentino afincado en París, lleva treinta años embarcado en una misión, una «obsesión casi enfermiza», en expresión de Silvia Oviaño, fotografiar a todos los grandes escritores de la literatura española e iberoamericana.
El resultado de esta especialización es que Mordzinski posee el mayor archivo gráfico de literatos hispanos vivos y fallecidos, y que ya empieza a suceder que un escritor no alcanza la indiscutible categoría de autor reconocido hasta recibir la llamada del fotógrafo.
La obra de Daniel Mordzinski llega por primera vez a San Sebastián, por medio de la exposición Los rostros de la escritura, que ayer se abrió en el centro cultural Okendo y que permanecerá abierta hasta el 6 de septiembre. La selección recoge 59 fotografías que retratan a otros tantos escritores. La mayoría son en blanco y negro, pero también las hay en color.
La exposición muestra la primera fotografía que el argentino hizo de un escritor, una de Jorge Luis Borges en la oscuridad, realizada en 1978 y que ha dado la vuelta al mundo. Grandes de la literatura latinoamericana, como Cortázar, Sábato -con una mirada tristísima-, Vargas Llosa -en actitud de recogimiento-, Benedetti -junto a unos chavales futbolistas-, Bryce Echenique o García Márquez se mezclan con plumas españolas, como Cela, Delibes, Alberti, Marsé, Javier Marías -con mirada desafiante-, Javier Cercas -leyendo a remojo en una piscina familiar-, Rosa Montero, Almudena Grandes o el fallecido Vázquez Montalbán, en una hermosa fotografía que se diría premonitoria.
Silvia Oviaño, comisaria de la exposición, comenta que Daniel Mordzinski, que se reconoce como escritor frustrado, siempre lee obras de sus retratados antes de conocerles e intenta tener un primer contacto personal con ellos en su propia vivienda.
Después, en el mismo estudio, en la calle o en un hotel, en poses calculadas o dejándose llevar por el azar, acabará apretando el botón de la cámara con el empeño de «mostrar lo que el escritor nunca nos contará, lo que no aparece en sus libros, su manera de ser, su forma de vivir».
«Daniel Mordzinski coge a un escritor, lo mete en una caja, y luego dice 'Sí' o 'No', generalmente 'No', y saca al escritor de la caja, lo sienta, lo levanta, lo pone de espaldas, y dice quizás 'así está bien, pero míreme'...». De esta forma comienza el texto que Bernardo Atxaga ha escrito para la muestra y que se reproduce en uno de sus paneles. Las palabras del hombre de Asteasu, que reflejan su relación con el fotógrafo, concluyen explicando que el escritor le deja hacer a Mordzinsi porque sabe que éste «está buscando el paisaje» humano, el rostro «de los escritores que como él buscan su rostro desde hace tiempo y no lo encuentran».
Atxaga, retratado saliendo de una maleta más que de una caja, es uno de los cuatro autores vascos presentes en la exposición de Okendo. Los otros tres son Jon Kortazar, a quien vemos abrazando un muro junto al mar de Gijón, y Fernando Aramburu con Francisco Javier Irazoki, que aparecen reflejados juntos en un espejo parisino.
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