
Lápiz, carboncillo y bolígrafos de colores sobre lienzo, artífices de su peculiar técnica.
La sociedad Altarte de Altamira en Ordizia acoge una docena de cuadros que presenta Luis Mari Núñez, tolosarra de Izaskun, como él mismo destaca, por lo que a sus primeros pasos se refiere y vecino de Anoeta por aquello de los designios del destino.
Luis Mari Núñez explica que desde siempre le ha gustado dibujar, afición que de manera autodidacta ha ido cultivando. Hace 10 años, de la mano de la Diputación, expone, que reconocía que mi forma de trabajar, de abordar el cuadro, resulta totalmente singular, se me presentó la oportunidad de ir a Vitoria a hacer un curso, pero por diferentes cuestiones al final no pudo ser.
En aquellos primeros años, de esto han pasado más de dos décadas, recuerda, «durante mucho tiempo me dediqué a elaborar, exclusivamente, bocetos, hasta que un día, al levantarme opté por dar el siguiente paso y en una lámina de 600x400 mm, pinté todo el pueblo de Anoeta».
«Desde entonces -añade- mi trabajo ha cambiado mucho. Yo suelo decir que aprieto más el lápiz, lo que da lugar a un abanico infinitamente más amplio de tonalidades, a un recorrido generoso y rico de grises y negros».
«Lo mío -apunta el artista de Tolosaldea- es el lápiz y por extensión el carboncillo. De manera reciente recurro al bolígrafo, tanto negro como de colores».
Sin lugar a dudas, su mayor aportación recae en la singularidad de su trabajo. Sobre lienzo, asentado en una base de chapacume, que le permite imprimir el trazo con fuerza, Luis Mari Nuñez dibuja para después con una goma de borrar especial borrar. Queda no obstante, la marca, la guía, por la que acto seguido discurre el carboncillo.
A continuación, diferentes capas de laca acabarán por darle cuerpo al cuadro. Sobre lámina resultaría imposible. No terminaría de secarse.
Lo que durante casi 30 años ha sido un trabajo en blanco y negro en el que se ha sentido cómodo, está dando paso al color, utilizando eso sí, ahí es nada, bolígrafos, ahora especiales, de gel que permiten la aplicación posterior de las lacas.
«Cada vez que expongo -comenta Luis Mari Núñez- suelo dejar en la sala el correspondiente libro para las visitas. Y en una de ellas me dejaron apuntado que encantados con la exposición pero por qué nada en color. Y en eso estamos. No sabría dar un explicación, pero durante todos estos años mi aportación plástica ha estado centrada en el mundo del blanco y negro». «Hice -indica- un curso de pintura en la Casa de Cultura de Tolosa, por aquello de acercarme al pincel y aunque pueda parecer mentira, me dí cuenta de que no es lo mío. Con los bolígrafos, en cambio sí me veo».
Y a partir de ahí, con una paciencia exquisita, muchas horas, y el alma del maestro artesano, el de Tolosa inmortaliza al detalle rincones próximos; caseríos, puentes, edificios emblemáticos, etcétera. Temas que, resume, «me gustan. En el barrio de Izaskun en el que nací sólo había caseríos», subraya. «Saco fotos para no perder detalle, y a menudo vuelvo ante el objeto porque ni siquiera la instantánea capta todos los pormenores. Me ha pasado, por ejemplo con la obra en la que recojo la fachada principal del Ayuntamiento de Beasain, en concreto con el reloj. Me dicen que lo he superlogrado. El único cuadro que he pintado en directo, al aire libre, a pie de obra es la plaza de Anoeta. Cuadro que pienso incorporar, a la exposición de Altarte».
Respecto a si los críticos le tildan de copista, el autor responde que, a su juicio, no hay opción. No se trata de una reproducción porque nunca hago un cuadro igual a la imagen. Siempre falta algo. «Mis telas dan pie -apostilla- a que el espectador, piense y sugiera la inclusión de éste o aquel detalle».
Una muestra que permanecerá en la sociedad Altarte, hasta el 18 de mayo.