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MECA- Bruce Springsteen

Un día de playa con el 'Jefe'

Mitxel Ezquiaga | 17/07/08

El Boss y su familia disfrutaron de un completo día de playa en la Zurriola.

Tomando el sol, vestido

El Jefe se lo merecía. Bruce Springsteen sudó en la noche del martes la camiseta en su poderoso concierto de Anoeta y ayer necesitaba un descanso. Y bien que lo aprovechó. El Boss y su familia disfrutaron de un completo día de playa en la Zurriola. Fue su día de relax antes de partir hoy hacia Madrid, donde esta misma noche actúa en el Santiago Bernabéu.

Parecían una familia más de turistas. Los niños con sus tablas de surf, el padre tumbado bajo la sombrilla y la madre, Patti Scialfa, alternando la zambullida entre las olas con el paseo por la orilla. Al principio el resto de bañistas que llenaba la playa en la soleada tarde de ayer ni siquiera se dio cuenta de que a su lado descansaba un rockero de leyenda. Pero enseguida empezaron las voces. «¡Es Bruce!». La proverbial discreción donostiarra, esa que algunos consideran «sosez», permitió a Springsteen seguir disfrutando de la playa sin que nadie le molestara. Sólo al final, cuando ya volvía al hotel María Cristina, los fans se acercaron y empezaron a hacerse fotos con él y pedir autógrafos. El Jefe no perdió la sonrisa, estuvo amable y regresó a la que ha sido sus casa estos días.

Bajo la sombrilla

Desde que Springsteen llegó a San Sebastián el sábado pasado ha conjugado ocio y trabajo con sabiduría. Tras sus otros días de playa, su visita al Aquarium o sus incursiones gastronómicas el martes le tocó trabajar y redondeó la tarea con sobresaliente: las 40.000 personas que llenaron el estadio salieron con una sonrisa en la boca tras el derroche de energía del músico de New Jersey, que se batió en el escenario como si se tratara del primer concierto de la gira.

Ayer tocó descansar. Y por la tarde, playa. Los niños fueron los primeros en volver a la Zurriola, donde jugaron con sus tablas de surf. A las cuatro de la tarde Springsteen y señora, que la noche anterior habían compartido también escenario en Anoeta, fueron andando desde el hotel hasta la playa. Y ahí pasaron cuatro horas.

El cantante estuvo un buen rato tumbado, primero al sol y luego bajo una sombrilla rojiblanca. Hizo fotos a sus hijos, les dio veinte euros para que se compraran la merienda en el bar y después se acercó hasta la orilla. Se mantuvo enfundado en su camiseta blanca mientras su mujer se bañaba y saltaba sobre las olas. Les rodeaba una discreta vigilancia que sólo se hizo directamente visible cuando un fotógrafo de este periódico se acercó más de la cuenta.

Hoy se van, seguramente con pena porque han aprovechado sus días donostiarras con intensidad. Con pericia han logrado dar esquinazo a los reporteros en varias ocasiones y dicen quienes han estado su lado que se van «encantados con una ciudad que no conocían y que les ha parecido ideal». «Lo decimos tal como lo dicen, sin ñoñostiarrismo», añaden los privilegiados que han compartido momentos con ellos .

Un avión privado trasladará a la familia Springsteen hasta la capital madrileña. El Bernabéu les aguarda para su segundo concierto de la gira española. Después llegará el turno de Barcelona, sábado y domingo. En total serán más de 300.000 los espectadores que hayan visto a Springsteen al sur de los Pirineos. El Jefe, que abrió su concierto de Anoeta con un sonoro Gabon Donosti y lo cerró con un eskerrik asko y un reiterado grito de «Donosti, Donosti», podrá demostrar en Madrid y Barcelona sus pinitos de castellano que ya evidenció en Anoeta.

Vuelve cuando quieras, Jefe. Los más exaltados que le abordaron en la Zurriola pedían ya un Tambor de Oro. Eso es bossmania.


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