
En sus 35 años de carrera, la leyenda del 'Boss' como músico total se ha forjado en sus intensos conciertos en directo, rodeado de su banda o en solitario
Ha sido una de las frases más premonitorias y efectivas, más manoseadas y repetidas que se recuerdan en el mundo del rock que hayan ayudado a impulsar una carrera. "La pasada noche vi desfilar ante mis ojos todo el pasado del rock and roll. Pero también vi algo más. Vi el futuro del rock'roll y su nombre es Bruce Springsteen".
La escribió en su crónica de aquel concierto en Boston el entonces crítico musical, Jon Landau. Era 1974 y el Boss apenas había descollado fuera del circuito de New Jersey.
Se había presentado apenas un año antes, en el 73, cuando publicó sus dos primeros discos con su nombre de pila en port ada como reclamo por vez primera. Desde aquella fecha han transcurrido casi 35 años y la figura y el mito de Springsteen no han dejado de crecer, propulsados por lo que ya entonces deslumbró a Landau: su fogoso directo y su portentosa entrega sobre los escenarios.
Con su banda de siempre, en solitario, con big band de folk o músicos de transición, Springsteen no ha dejado de patear escenarios y agotar calificativos. Estas son sus giras, desde aquel lejano 1973, cuando daba sus primeros pasos en clubes, a los estadios actuales donde oficia hoy ceremonias como la que le acerca a Donostia.
1973. Los inicios. El hoy Jefe hacía dos minipases por noche como telonero y tocaba menos de 45 minutos. La lista de artistas para los que abrió es tan variopinta como pasmosa: Chuck Berry y Jerry Lee Lewis, Beach Boys, Stevie Wonder, los Wailers con Marley y Peter Tosh, John Mayall, Frank Zappa, Chicago y hasta a Lou Reed en una ocasión.
1975. El despegue. Tras varias entradas y salidas, consolida la banda con la incorporación de Weinberg a la batería, Bittan al piano y Van Zandt a la guitarra. Con Born to Run perfila su sonido, actúa ya como artista estelar y toca por primera vez en Europa. El famoso concierto de Londres ha sido editado en la caja conmemorativa de los 30 años de la salida del disco. La figura se agiganta y comienza a actuar varias noches por local.
1976-77. El litigio. Los años oscuros que forjaron la amargura del Darkness. Los pleitos con su primer manager, Mike Appel, le obligan a estar dos años sin grabar. Lo aprovechó para girar, curtir sonido y rodar a velocidad de vértigo las canciones.
1978. La consolidación. Para muchos fans, su mejor gira, largos desarrollos instrumentales, rabia contenida, tensión en vivo, conexión total de los músicos, los conciertos comienzan a ser maratonianos e introduce los descansos. Da en la gira por encima ya de los 120 conciertos.
1980-81. La explosión. Todo lo vivido en Darkness se multiplica y redondea con el doble The River. Sus directos son un terremoto escénico, un arrollador derroche de sonoridad y canciones sin respiro alguno. Vuelve a Europa y da su primer concierto en España, el ya legendario del 81 en el palacio de Deportes de Barcelona.
1984-85. El éxito. Tras no presentar en vivo Nebraska, el fenómeno estalló en toda su dimensión. Born in the USA es un éxito a gran escala y tras una primera parte en recintos cerrados, la carrera comercial del disco le llevó a dar el salto a los estadios. Vuelve a Europa y los vascos peregrinarán a verlo a Montpellier.
1988. Los estadios. La gira de la crisis, de los divorcios de esposa y banda. Coquetea con descaro con Patti en los bolos, se viste de traje y añade sección de viento. En el tramo final de los bolos, sobreactuando, lleva a sus últimas consecuencias el arquetipo sudoroso.
1992-93 El cambio fallido. Estrena paternidad y banda (solo queda Bittan), se muda a Los Angeles y lanza dos discos a un tiempo. El nuevo grupo no hace olvidar a la vieja banda. Apuesta por coros soul y se vuelca en girar por Europa, donde vuelve por dos veces, pero hay partes del grupo que cojean, sobre todo la base rítmica.
95-97. Solo en la frontera. Alto para la reflexión en todos los sentidos. Graba el retrato de la vida en la frontera The Ghost of Tom Joad a la manera intimistadel Nebraska y gira sin concesiones por teatros en solitario de manera prolongada con armónica y acústica y nueva imagen, con perilla y el pelo hacia atrás.
1999-2000. El regreso de la vieja banda. Tras juntarlos a grabar unos temas para el Grandes Éxitos reunió a la E Street Band con la excusa de presentar en vivo el cofre de inéditas Tracks. Vuelve Van Zandt. El tour es un arrasador éxito musical y de público.
2002-04. El 11-S y la política. El atentado contra las Torres Gemelas y la situación polìtica en Estados Unidos condicionan tanto el disco, inspirado en el 11-S, como su gira. Musicalmente es una continuación de la anterior pero más monográfica y seria en lo musical. Paseo militar allá por donde pasa. Se une en 2004 a la gira Vote For Change en apoyo a Kerry para las presidenciales.
2005. Solo con sus demonios. Tras la victoria de Bush se refugió de nuevo en el minimalismo con Devils& Dust, que presentó solo, como Tom Joad, pero esta vez combina la acústica con piezas al piano e incluso al órgano.
2006. La fiesta folk. De la introspección saltó sin respiro hacia el folk festivo. Mantiene el contenido político pero esta vez lo hace recogiendo el mensaje combativo de las canciones del cantautor Pete Seeger, cuyo repertorio presentó en vivo rodeado de una multitudinaria banda de músicos neoyorkinos donde introduce instrumentos inusuales y mezcla ragtine, jazz y sonido Nueva Orleans. Lo más cerca de Euskadi que actuó fue en Santander.
2007-08. El tour mágico. Ha vuelto a reunir a la E Street Band y lanza un disco donde en cierta medida busca recuperar la vieja sonoridad de álbunes como The River y Born in the USA. Como viene haciendo desde el 92, divide la gira en dos partes: actuó en el primer tramo en recintos cerrados y de menor aforo para dar el salto esta primavera y verano a los estadios. En este periplo, la mala noticia la ha puesto el fallecimiento debido a un cáncer de su teclista de toda la vida Danny Federici, que ya tuvo que ser sustituido para los conciertos europeos de finales del año pasado. La buena es que el Boss parece espoleado por esa pérdida. Con ese ímpetú llega hoy al donostiarra estadio de Anoeta.