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Aranzazu- Murales

Remodelacion de los murales de la Cripta de Aranzazu

Murales del Nestor Barrenetxea en Aranzazu, ya se pueden disfrutar en condiciones.

Remodelación de los murales de la Cripta de Aranzazu

Marian González 09/11/09

Los murales que pintó en Arantzazu Néstor Basterretxea hace 25 años han cobrado nueva vida gracias a la remodelación de la Cripta que, finalmente, se ha reconciliado con las pinturas.

La resurreción de la Cripta

La Cripta de Arantzazu ha resurgido del «olvido y las tinieblas». Así de contundente se mostró ayer la consejera de Cultura, Blanca Urgell, en la reinaguración del espacio que Néstor Basterretxea comenzó a pintar en 1952 y finalizó hace 25 años. «Hoy y aquí se culmina por fin Arantzazu. Somos privilegiados testigos de la liberación de una obra a la que debiamos haber accedido en condiciones dignas hace ya décadas.

Hoy podemos pedir perdón, sin sonrojo ya, a Néstor», dijo la consejera. Blanca Urgell afirmó que «condenamos al artista a la mordaza, al oído sordo. Pensamos que se esculpía por y para Dios, nos convencimos de que se pintaba por y para la patria, confundimos sentimiento con mercado, y no culminamos la obra. Nos olvidamos de que se pinta, se escribe, se esculpe por una necesidad vital de supervivencia, de comunicación, de convivencia».

El renacer de la cripta tuvo tintes apocalípticos, porque ayer Arantzazu parecía sumergida en el diluvio universal. Lluvia, frío, viento y por instantes granizo, hicieron que hasta el propio Basterretxea iniciara su intervención asegurando sentirse «un poco triste porque visto el temporal, diríase que a Dios no le gustan mis figuras». Pero lo cierto es que la obra del artista bermearra recibió toda clase de elogios, y que él estaba exultante. Todos coincidieron con Basterretxea en que, tras «un embarazo muy largo, el niño es precioso» y en que los murales de Basterretxea «han revivido». El banco corrido central y una cuidada iluminación han dado a la capilla tintes de museo, convirtiéndola en un espacio abierto a todos, siguiendo el espíritu del nuevo Arantzazu. Se mantiene para usos y celebraciones religiosas pero es también a partir de ayer una parada imprescible «para los aficionados a la pintura» y «para personas que buscan».

Las raíces de Aranzazu

El provincial de los franciscanos, José María Arregi, se congratuló del acuerdo alcanzado con el artista tras décadas de desaveniencias y de que «por fin se cumpla ese día añorado y esperado por todos».

Explicó que la Cripta es «un lugar muy especial y muy querido, porque la antigua iglesia de Arantzazu estaba justamente donde estamos ahora y porque, del mismo modo que la iglesia de los primeros siglos surgió y se fortaleció en la experiencia de las catacumbas, la Basílica de Arantzazu surge desde sus raíces, que son la cripta, desde abajo».

Esa idea de renacimiento estuvo presente también en el discurso de la diputada foral de Cultura, Mª Jesús Aranburu, que mostró su satisfacción porque «Arantzazu se esté abriendo a las nuevas generaciones a través de la cultura, la espiritualidad o la naturaleza. Hay muchas razones para amar Arantzazu, no sólo la fe, y la cripta es un símbolo de ello», apuntó Aranburu.

La alcaldesa de Oñati, Lourdes Idoiaga, tampoco escatimó elogios a Basterretxea y Arantzazu. Mikel Irizar, director de la obra social y cultural de Kutxa, que ha contribuido ha financiar la obra, aseguró por su parte que «cree firmemente en el nuevo proyecto de Arantzazu».

Basterretxea, feliz

Pero la intervención más esperada y aplaudida fue la del protagonista del día: Néstor Basterretxea, quien explicó que cuando pintó los murales intentó «humanizar lo que es puramente metafísica con una modernidad cercana a la abstracción. Quise romper con esa imagen de un Dios anciano en la nube y con barba blanca y de ese Cristo de Hollywood. A Cristo me lo imaginaba cabreadísimo con nosotros, así que quise pintarlo marchándosea, unque al final le dí la vuelta y lo pinté rojo. Es un cristo exigente y sufriente».

El artista recordó que el plantel de artistas que trabajó en las obras de la Basílica «se adelantó en el tiempo. Ese fue nuestro mérito y nuestro sacrificio porque no recibimos el entendimiento inmediato». Néstor Basterretxea no tuvo reparos en admitir que los murales que creó hace 25 años «eran mucho mejores que los que me borraron en 1955. No hay mal que por bien no venga -comentó-.

Cuando dibujé los primeros murales, venía del exilio argentino y estaba muy influenciado por el figurativismo expresionista, que estaba ya superado. Cuando desaparecieron los bocetos tuve que reinventarlos. Yo proteste cuando tuve que hacerlo, y ahora no se me caen los anillos al decir que me hicieron un favor artísticamente hablando. Sufrí mucho con aquello y con todo lo que ocurrió después, pero ahora, volviendo la vista atrás, y tras ver lo bonita que ha quedado la Cripta con la nueva iluminación y la reordenación de espacios, estoy feliz».

El acto de reinauguración le pareció precioso. «La verdad es que me he emocionado -confesaba- porque después de tanto lío con los frailes y de tantas desavenencias, hoy culminó mi obra y, además, la gente la ve con otros ojos, ya no se escandaliza y trata de entenderla».

Comentarios elogiosos

Un buen número de amigos de Arantzazu desafiaron el temporal y acompañaron al artista y las autoridades en la puesta de largo de la Cripta. Antón, de Oñati, aseguraba que siempre le habían gustado las pinturas de Basterretxea y que la diferencia es que ahora la visita se asemeja «al paseo por un museo», mientras que Ana, de Arrasate, se mostraba gratamente sorprendida por el cambio, y veía la cripta como «un lugar vanguardista y moderno en el que casarse.

La Basílica siempre me ha parecido inmensa, así que igual me animo». Ane Miren y Josu llegaron desde Gernika: «Nunca nos perdemos una fiesta de Arantzazu y la ocasión de hoy lo merecía». El oñatiarra Joxe Mari, con el que Basterretxea compartió muchas historia sobre la Cripta mientras realizaba el Monumento al Pastor, se sentía contento de que el artista se hubiese quitado esa espinita que le comprimía el alma. Maritxu y Carmen, del restaurante Goiko Benta de Arantzazu, también el aplaudían el cambio y el homenaje al último de los genios vivos de este Arantzazu de vanguardia.


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