Once acuarios con 80 especies y 1.000 peces se suman a la oferta.
Dos años después del inicio de la remodelación completa, el Aquarium donostiarra abre hoy sus puertas, todos los días, de 10 de la mañana a 8 de la tarde. La primera impresión de la visita de las nuevas instalaciones es que la sede renovada de la Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa se ha modernizado, pero manteniendo su solera y los retazos de la historia que siempre le han hecho tan atractiva. Como el esqueleto de la ballena, desmontado para una limpieza exhaustiva que lo ha dejado blanco y vuelto a montar, y un nuevo porte, más inclinado, como si saliera del Aquarium a respirar.
Las tres plantas de que consta el Aquarium se dividen en espacios diferentes dentro del contexto común del mar, sus habitantes y Donostia extendida por el litoral como ejemplo de artes de la pesca y el comercio.
El recorrido se inicia en el mismo final del Muelle, en el lateral izquierdo, donde dos de los antiguos sotos los ha cedido el Gobierno Vasco para ubicar la tienda, la taquilla y los tornos de entrada. Un amplio ascensor acristalado para ver peceras encajadas en la pared lleva a la segunda planta, con siete espacios distintos. El primero, un recibidor de espejos donde se refleja una proyección de tres minutos que nos adentrar mentalmente en el Aquarium. Canta Benito Lertxundi su popularísima canción de la caza de la ballena en Orio hace un siglo. El suelo deja entrever trazos de arena bajo algunos cuadrados de vidrio.
Hay vitrinas con maquetas de barcos que representan el avance de la vela al motor. Destaca una representación de la bodega de un barco de la donostiarra Real Compañía de Caracas. Luego se llega al balcón del esqueleto de la ballena, a la altura de la cabeza. Se puede apreciar su rehabilitación con acero, ha desaparecido las sujeciones de madera y luce un imponente esqueleto níveo.
En la misma zona está la maqueta del puerto donostiarra, una que recrea el barrio de La Jarana -las casas de los pescadores- y la representación antigua de la mujer de un arrantzale cosiendo la red en su cocina. El recorrido acaba con un homenaje a las traineras y a su historia de embarcación ballenera con media docena de uniformes de clubes de Gipuzkoa.
De aquí se baja a la primera planta, donde se han creado tres secciones. Una sala acoge decenas de maquetas de barcos que han surcado el Cantábrico para faenar con diversas artes. Es un gusto verlos al detalle. La cola de la ballena cuelga en el medio. En un rincón están los aparejos antiguos. En una pared los cuerpos de pescados en formol custodiados desde la inauguración de la S.O.G., más conchas, fósiles, corales. Un poco más allí está la sala de reposo, con amplios sillones y grandes cristaleras mirando a la barra de la bahía. Antes era el restaurante. Aquí reposa, por ejemplo, un libro de Julio Verne editado en 1890, pinturas, grabados u objetos del precioso archivo de la S.O.G.
Por un lateral se accede al túnel de metacrilato, donde están los acuarios de siempre, con cambios obligados por la renovación. Por ejemplo, los peces exóticos se han ido a la planta baja y en su lugar han entrado los peligrosos. Los tiburones Txuri y Kontxita se pasean mientras unos pequeños marrajos reposan sobre el techo acristalado. Son nocturnos, explica el responsable de Comunicación, Xabier Lasaga, que ayer asumió la presentación del nuevo Aquarium.
La planta baja es la que acoge las mayores novedades. Once acuarios con 80 especies nuevas y más de mil peces. Un manglar -adornado con falsas raíces para darle más realidad - de 18 metros y unos cuantos arrecifes con peces de colores brillantes y llamativos, con nombres que activarán la imaginación de los pequeños visitantes: piña, lápiz, payaso (Nemo, en la película de dibujos), cirujano, ángel, jorobado, vaca, ballesta, más las acechadoras morenas metidas en los orificios rocosos. Aparte se dejan ver las medusas, que bailan su vals acuático como inocentes nubes de gel.
La antigua y señorial entrada se ha convertido en una ampliación de la primera planta, pero se ha recuperado para el interior la pieza azul cerámica que señalaba el edificio como Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa.