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Semana Grande 2010

Semana Grande 2010

Semana Grande 2010. Cuatro de los gigantes de la comparsa, en el comienzo de la semana grande.

[Foto: Arizmendi]

Un día entre gigantes y cabezudos

Xabi Zubiri - 20/08/2010
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Los gigantes y cabezudos son de los que más pasiones levantan entre los más jóvenes. Un día entre los más grandes desvela los entresijos de la comparsa.

La comparsa de gigantes y cabezudos vista desde dentro

Que los gigantes y cabezudos levantan una gran expectación en San Sebastián no es nada nuevo. Y para muestra un botón. Cualquier día de Semana Grande, a las cinco de la tarde ya hay niños expectantes en el atrio de la basílica de Santa María –de donde salen los cabezudos– aunque la salida de la comparsa completa se produce a las seis y media y el punto de partida oficial es el atrio de San Vicente.

«Estamos esperando a que salgan los gigantes y cabezudos», comenta Jon, un chico de la Parte Vieja. «Para nosotros es lo mejor de la Semana Grande, venir a correr delante de los cabezudos. Nos lo pasamos muy bien», confirma su joven grupo de amigos.

Cada jornada de esta comparsa es un mundo, vivir una –en concreto, la del pasado martes– con ellos es toda una experiencia. Hacia las cinco y media de la tarde es cuando empiezan a aparecer todos los comparseros por las escuelas de Elizaran. Media hora antes, Borja y Mikel se reúnen para dar los últimos retoques y atar los últimos flecos para que la salida sea perfecta. «Coordinamos todos los días a más de ochenta personas, y esto supone una responsabilidad muy grande», comenta Borja Muñoz, vicepresidente de la asociación Itzurun. «Desde pequeño siempre fue mi sueño salir de gigante y ahora, encima, poder dirigir la comparsa junto a Mikel es todo un honor», reconoce.

Poco a poco va llegando la hora de partir hacia la Zurriola. Muchos de los cabezudos comentan que es una de las salidas más duras de la semana ya que hace muy larga y se sufre mucho. «Sarna con gusto no pica» dice Gonzalo, un pamplonés que durante Semana Grande sale de cabezudo. Mientras los cabezudos se colocan las esponjas para protegerse el pecho y empiezan a vestirse, los giganteros hacen un breve repaso de los bailes que realizarán a lo largo de la jornada. También le dan un repaso a una de las canciones que bailarán el próximo sábado 21 de agosto en la despedida. Precioso, lo único que se puede decir al respecto. Ensayo perfecto.

Todo preparado

Faltan menos de quince minutos para que se dé inicio a una nueva salida. Antes de eso, los gigantes hacen ejercicios de calentamiento además de darse cremas para prevenir posibles lesiones. «Ya estamos otra vez con el réflex» comenta sonriente uno de los gigantes, Gari. «Además de estas cremas calentadoras, tenemos un fisioterapeuta que nos mima la espalda. También utilizamos unas fajas que nos protegen las lumbares, ya que son partes muy sensibles del cuerpo y, si no las cuidamos, pueden convertirse en lesiones» explica Borja Muñoz.

Las campanas de la basílica de Santa María dan inicio a una nueva salida. Un centenar de niños vitorean los nombres de ‘Pigas G’, ‘Cantinera’ o ‘Tío Pepe’. Nada más abrir las puertas de Elizaran, todos salen corriendo quedando los alrededores de Santa María despejados. Unas carreras, todos los cabezudos se reagrupan y acompañan a los giganteros hasta San Vicente, donde recogerán a los gigantes. Tras sacar a los gigantes de la capilla de San Vicente, ya está toda la comparsa al completo. ‘Zipi’, dulzainero de Tolosa, es el encargado de dar los primeros golpes de tambor y hacer así que se levante el primero de los gigantes, el ‘katximorro’.

Unos gigantes que este año cumplen 29 años , cada uno de los cuales tiene su historia. La primera pareja, la alavesa, es la que abre la comitiva. Representan a dos bailarines de Laguardia y llevan por nombre Romualdo y Estitxu. La segunda pareja es la de los navarros y representan a dos personajes del Roncal, Eneko y Blanca. La siguiente es la pareja compuesta por los guipuzcoanos, representando a un marinero oriotarra, Manrique, y a una batelera sanjuandarra, Karmeli. Y, por último, están los vizcaínos, Martín y Maritxu.

Junto a los gigantes están los cabezudos, que son la representación de las fiestas donostiarras. Un total de trece cabezas que simbolizan la Tamborrada –tamborrada, cantinera y cocinero–; los Caldereros; las Iñudes y Artzaias; el Carnaval –con arlequín y pierrot–; la Semana Grande –representada por dos personajes de la Belle Epoque– y el día de Santo Tomás, cuya representación ostentan dos baserritarras.

Calles abarrotadas

La comparsa sigue su recorrido y junto a ellos se mueven cientos de personas. Los cabezudos, unos metros por delante de los gigantes, corren sin parar tras los niños. «Hace muchísimo calor y estoy sudando mucho» dice uno de los cabezudos, Ander, mientras bebía agua. «No nos podemos quitar la cabeza hasta que hacemos el cambio, o dicho de otra manera, tenemos que estar casi dos horas con la cabeza puesta con todo lo que ello supone» explica Ander. Junto a ellos, Inés y Miguel, encargados de llevar vejigas y de ayudar en todo lo posible a sus compañeros.

Por detrás, los gigantes se las ven y se las desean para sortear lo mejor posible el viento que azota el puente del Kursaal. «Llevamos gigantes de más de cuatro metros y sesenta kilos, cuando sopla el viento es muy difícil mantenerlos equilibrados» explica David, uno de los encargados de portar a la vizcaína. Y es que son tres personas por gigante las encargadas de portar a las figuras.

La comparsa ya ha llegado hasta la mitad del recorrido. Momento de hacer un baile. Los cabezudos se ponen en círculo y bailan el ‘zazpi jauzi’, mientras el público aplaude. Tras ellos, es el turno de los gigantes, que se decantan por la ‘tonada’. «Es un baile que me encanta y que nos sale muy bien», explica Itu, un gigantero que este año cumple su tercer año como portador.

Mientras los gigantes hacen su baile, los cabezudos aprovechan para cambiarse. «Ahora es el cambio de turno y es nuestro compañero de ‘cabeza’ el que se transforma en cabezudo», explicaba Josu, encargado de dar vida al Tío Pepe. Los niños, rodean las cabinas colectivas mirando y esperando que vuelvan a salir los cabezudos.

Una vez hecho el cambio y el pertinente descanso, es momento de partir hacia San Vicente para decir adiós al día. Una vez allí, los gigantes realizan un baile final que tiene mucho éxito en una calle 31 de Agosto abarrotada de espectadores. Mientras, los cabezudos se reconcilian con los niños a los que han estado ‘castigando’ con sus vejigas y les regalan caramelos. Ya en las escuelas de Elizaran, Borja y Mikel hacen un balance de la salida mientras el resto de la comparsa se cambia de ropa y se toma un merecido refresco para recuperarse del gran esfuerzo realizado. Mañana, más y mejor.

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