
Donostia está inmersa en la Semana grande. El número de pañuelos fue inversamente proporcional a las ganas de disfrutar en el cañonazo que dio inicio a la Semana Grande donostiarra
«Vivimos la fiesta a nuestra propia manera», había dicho el concejal Denis Itxaso antes del cañonazo. Y un año más, los donostiarras y los visitantes que llenaron los jardines de Alderdi Eder vivieron el comienzo de la Semana Grande a su manera, sin defraudar y con ganas de pasarlo bien.
Pese a que el tiempo no acompañaba y la escasez de pañuelos blanquiazules -el Ayuntamiento no ha repetido este año el reparto de 2008 a causa de los recortes presupuestarios- era notable, el ánimo no faltó a la hora de entonar el Artillero, dale fuego, junto a jugadores de la Real Sociedad y miembros de su consejo. Sin embargo, la canción hubo de repetirse debido al bajo volumen del sonido. La segunda vez pudo oírse mejor a los improvisados cantantes y al público, que aguardaba expectante el disparo que marcaría el primer día de una semana que se espera memorable.
Después de este incidente, y acompañado por la tamborrada de la Gastronómica y el Regimiento de Artillería, el veterano artillero Luis Mocoroa procedió a lanzar el cañonazo y dar inicio a las fiestas de la ciudad. El cañón, original, funcionó perfectamente pese a su veteranía. Es el mismo que se utilizó el año pasado para el mismo menester y su impresionante disparo, que retumbó por todo Alderdi Eder, fue la señal que todos estaban esperando para dar rienda suelta a su carácter festivo, que hasta ese momento se había mostrado algo inhibido.
El disparo llenaba de olor a pólvora la calle y exaltaba los ánimos de los allí presentes, sobre los que cayó, como no podía ser menos, confeti, que acabó mezclándose con algo tan donostiarra como el sirimiri. Y es que el agua perdonó el acto, y aprovechó justo el momento posterior al cañonazo para empezar a caer. La fiesta comenzó con palmas, silbidos y redobles de tambor. Hubo quienes, como Alejandro, se ataron el pañuelo al cuello. Lleva viniendo dos años seguidos. «Es el del año pasado», explicaba señalando la prenda, que, como se podía ver, aún no ha arraigado entre los asiduos a Semana Grande. «Esperamos pasarlo lo mejor que se pueda, y el sábado que viene animaremos a la Real», apostillaba.