
Mutriku, Deba y Zumaia estrenan la ruta del flysch, que incluye un paseo en barco frente a los tesoros geológicos
Desde el Jonny Maracas, un barco de recreo que balancea sus colores verde y azul sobre un mar reposado, el acantilado entre la costa de Mutriku y Zumaia se asoma desafiante. El frente rocoso aparece ante los ojos de los cuarenta pasajeros como un gigante de piedra que ha clavado sus garras en la arena, y también en el tiempo. El litoral encierra entre sus coloreados pliegues millones de años de historia geológica, escrita en sucesivos estratos rocosos que han quedado al descubierto gracias a la erosión del mar. Es un tesoro natural único que desde hace años se muestra desde tierra y que ahora también se quiere lucir desde el mar.
Los ayuntamientos de Mutriku, Deba y Zumaia se han puesto de acuerdo en hacer del flysch su mejor reclamo turístico, municipios costeros «no sólo viven de sol y playa», recordaban ayer los alcaldes durante la presentación de la travesía.
El geoturismo atrajo el año pasado a 5.600 personas, que seguro repetirán para embarcarse en la nueva oferta ayer inaugurada. La bautizada como ruta del flysch consigue aunar todos los elementos indispensables para una excursión inolvidable: un paisaje casi virgen, que será pronto declarado biotopo por el Gobierno Vasco; una amena travesía en barco frente a los poderosos acantilados y la visita a dos museos, el de Algorri y el Nautilus, donde se ofrecen todo tipo de explicaciones científicas al alcance de todos los públicos.
La ruta completa dura cuatro horas.La inmersión empieza en el centro Nautilus de Mutriku, que guarda cientos de fósiles rescatados de las rocas vecinas por Jesús Mari Narváez y Esperanza Azkarraga, un matrimonio enamorado de la geología, que continúa rastreando la naturaleza en busca de la mejor piedra. Ayer, no perdieron detalle de la travesía. «Es un privilegio », repetían mientras los cámaras se peleaban por la mejor panorámica.
A pocos metros del museo, espera el barco capitaneado por Antton Salegi y Ion Arratibel, de la empresa Itsasbegi. El Jonny Maracas navega durante una hora y cuarto por el frente costero. Primero se acerca hasta la cala de Saturraran, desde donde enfila hacia Deba y luego Zumaia, con varias paradas en las que el pasajero puede incluso hasta zambullirse en la mar, si el tiempo lo permite, claro.Mari Bernal se encarga de las explicaciones y aconseja desde el primer minuto «cambiar de chip para hacer un viaje en el tiempo», a lo largo de sesenta millones de años.
Ya en tierra, el visitante se adentra en el centro de interpretación Algorri, donde se enseña a leer la información privilegiada que esconden las rocas. Por ejemplo, las huellas de los cambios climáticos ocurridos en el pasado, o la marca de la última gran extinción acaecida en el planeta, la que acabó con los dinosaurios y otros muchosmiles de especies por la caída de un meteorito. Los que aún se quedan con ganas de más sensaciones, pueden bajar hasta la arena y palpar la historia geológica. Allí encuentran huellas fósiles de especies extinguidas y una rica fauna que campa a sus anchas en la rasa mareal excavada a pie de los acantilados. El espectáculo natural, sin duda, merece la pena.
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