
Un ex arrantzale hondarribiarra promueve el turismo pesquero cerca de la costa en una pequeña merlucera y en un barco de acero con camarotes, actividad pionera en Euskadi.
Lolek y Stella Orientis están ancladas en la mitad de la bahía de Txingudi. Esperan turistas que deseen pasar una o más jornadas de pesca cerca de la costa. Lolek es una embarcación de 19 metros, de acero, casco azul y puente blanco, componentes electrónicos de todo tipo al timón, con cuatro camarotes y diez camastros. Stella Orientis es una merlucera de bajura, en madera, preciosa de estética y muy marinera, con casco negro y puente blanco y azul claro. Las dos son las embarcaciones que ofrecen el hondarribiarra Juan José Eguiazabal y su socio el ingeniero donostiarra Juan Fernández. Son pioneros en un proyecto con mucho futuro, que ya ha tenido éxito en otros países europeos y suramericanos.
Eguiazabal, de 41 años, es quien explica esta atractiva y novedosa historia. La cita es en uno de los embarcaderos del puerto deportivo hendayés para subir a una motora y llegar al poderoso barco de acero en el que charlar sobre el espacioso puente del Lolek.
«Yo soy pescador desde los 16 años. Tengo el título de patrón de pesca. Pero hace dos años empecé a darle vueltas a este tema porque quería cambiar de aires. No porque me fuera mal económicamente, porque en la mar se gana dinero, pero me parecía más interesante esta nueva posibilidad de llevar turistas a ver y aprender las actividades pesqueras». Así que dejó el timón del pesquero, trabajó de almacenista y como cocinero en un restaurante hondarribiarra mientras barruntaba cómo hacerlo. «Hablé con Juan, que tiene además amplios conocimientos marinos, y compramos y recuperamos la merlucera, construída del año 56, y este barco de acero».
En la Stella Orientis entran ocho turistas, más el patrón, mientras que en el sobrio Lolek caben doce personas. «Nuestra idea es que los viajeros se empapen de conocimientos de pesca. Les enseñaré cómo hacer un anzuelo, anudarlos a un carrete, a echarlos al agua donde esté el cardumen de peces y a subirlos al barco. Utilizaremos, por ejemplo, hojas de maíz secas, peinadas, enganchadas al anzuelo, cebo como se hacía hace un siglo». Además, seguirán a los barcos de Hondarribia que salen a pescar las piezas de temporada. Ahora es verdel, luego merluza, atún, bonito... Las piezas que nos corresponden por patrón de barco las entregaremos a las entidades benéficas de Hondarribia y Donostia», detalla Eguiazabal.
Los demás, se los podrán llevar los viajeros embotados en el mismo barco.
Además, ha hablado con Azti, la entidad vasca de estudios marinos, ubicada en Pasaia, y con la asociación Eire para incluir en la tripulación a un biólogo cuando salgan a hacer avistamientos y para marcar los atunes que devuelvan a la mar para no exceder del cupo asignado a cada barco de recreo.
La idea es hacer salidas de pesca, sobre todo, también buceo con profesionales y, si hay opción, de recreo, navegando a Bilbao o a cualquier otra población costera. Un día, una noche o más tiempo, a gusto del cliente. «Tenemos permiso para alejarnos de la costa hasta 60 millas, pero lo habitual será navegar cerca de tierra».
Va a ofrecer alojamiento, desayuno, comida y cena. Los precios que manejan van desde los 120 euros por persona con un mínimo de seis, seguros incluídos. Si hay más turistas pescadores el precio por persona se va reduciendo. «Y se incrementa si desean ir más lejos de lo habitual, porque el consumo de gasóleo aumenta». Ya tiene algunas reservas para agosto porque se promociona en internet.
Incluso oferta la posibilidad de disfrutar de los fuegos artificiales de Semana Grande en medio de la bahía donostiarra o salir un par de horas de paseo. Para ello dispone de una popa amplia, con una mesa grande desmontable que ocuparía el lugar donde ahora tiene los carretes, la pita, los anzuelos y la liz roja para los próximos turistas arrantzales.
Los aficionados al submarinismo podrían ser otros usuarios «porque podrían alojarse, desayunar, comer y cenar en el barco sin preocuparse de hoteles y siempre cerca de su elemento, el agua». recalca Eguiazabal.
Para la primavera, el mejor plan que elige Juan José Eguiazabal «es salir a las 6.30 de la mañana a pescar merluza a los caladeros de la fosa de Cap Bretón. Me dejan entrar porque les pregunté a los responsables de una patrullera de la Gendarmería si podía ir con turistas a pescarlas y me dijeron que sí, siempre que luego no las vendiera».
Les enseñó el barco «para que vieran que no éramos arrantzales profesionales y no nos molestarán» recalca Eguiazabal.
Acaban de estrenarse antes de Semana Santa, con salidas cercanas con dos grupos. «Les enseñamos a hacer cebos con materiales nuevos y con hojas de maíz secas. Aprendieron todo el proceso el primer día, en el barco. Cenaron y durmieron a bordo. El segundo día salimos a las 6.30 de la mañana con los pesqueros de Hondarribia que iban al verdel. Fondeamos frente a Donosti y echamos los aparejoss. Era tirar y recoger, tirar y recoger... Los limpiamos e hicimos al horno. Todos se sorprendieron de su frescura y sabor. Claro, porque recìén pescado no absorbe tanta grasa, lo que ocurre a las 24 horas». La segunda salida con otro grupo fue a las 10 de la mañana y regreso a las 12.30 del mediodía, «porque el verdel estaba muy cerca de Hondarribia. Disfrutaron haciendo anzuelos, pescando y saboreando el pescado».
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