
Los trabajos de Arkeolan están dirigidos a localizar nuevos vestigios romanos. Los visitantes que se acerquen al lugar podrán conocer de cerca la investigación
La entidad cultural Arkeolan ya ha puesto en marcha las labores de excavación en las antiguas minas oiartzuarras de Arditurri con el fin de descubrir nuevos vestigios romanos y el proceso de explotación del yacimiento por parte de estos.
Los trabajos que se realicen en la mina grande permitirán descubrir nuevos testimonios romanos, así como el proceso de explotación de las minas. En este proceso cabe señalar la importancia de una galería de drenaje que antiguamente permitía a los mineros extraer plata sin temor a inundaciones. Los visitantes que se acerquen al lugar tendrán la oportunidad de conocer de cerca las labores de investigación que los arqueólogos realizan en Arditurri. En verano las excavaciones se llevarán a cabo en el interior de la mina y a partir de otoño en superficie. Se estima que las excavaciones se prolongen hasta el año 2010.
El proyecto tiene un coste total de 692.493 euros y en su financiación participan la Diputación de Guipúzcoa, el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco, la asociación Behemendi y el Ayuntamiento de Oiartzun.
Arditurri y el conjunto del Parque Natural Aiako Harria, explican los promotores de las excavaciones, son un claro exponente de la actividad minera que llevaron a cabo los romanos en Guipúzcoa, junto con la ciudad romana de Oiasso, que evidencia su paso por el territorio Las minas de Arditurri, sin embargo, no sólo fueron explotadas por los romanos. Hasta el siglo XIV, los minerales extraídos de las minas eran transformados en las ‘haizeolas ‘(herrería que funcionaban con viento), y más tarde en las ferrerías. Tras siglos de explotación las minas se cerraron en 1984.
Los trabajos de excavación son compatibles con las visitas guiadas. Desde el centro de interpretación de Arditurri se organizan grupos de 20 personas como máximo. Se les suministran los cascos, la iluminación, guantes y calzado para poder adentrarse en las minas guiados por un espeleologo y conocer de primera mano la transformación de las minas a lo largo de los siglos.
Allá por el siglo I antes de Cristo, los romanos encontraron en el País Vasco, y en Gipuzkoa en particular, un lugar idóneo para llevar a cabo sus actividades agrícolas, comerciales y mineras. Estuvieron presentes en estas tierras durante cinco siglos, y los últimos hallazgos vienen a demostrar que Gipuzkoa fue un territorio importante para el imperio romano. Una de las pruebas más evidentes de ello son las minas de Arditurri, pero también lo corroboran diversos puntos importantes de la comarca del Bidasoa, donde se ubicó la ciudad romana de Oiasso, que fue puerto de salida para el mineral que provenía precisamente de las minas de Arditurri.
Estas minas se encuentran dentro del Parque Natural de Aiako Harria, en el término municipal de lo que hoy es Oiartzun. Fueron inauguradas el pasado mes de junio después de acondicionarlas para que sean accesibles al público. En la visita encontramos importantes restos de la época romana que no dejan lugar a la duda: los restos más antiguos allí encontrados certifican que la mina fue explotada por los romanos, que muy probablemente fueron además sus descubridores. Posteriormente, las minas fueron explotadas por múltiples generaciones desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. Hasta que en 1984 finalizó su actividad y fueron cerradas.
Una vez dentro de las galerías restauradas, somos testigos de cómo las galerías han ido cambiando con el tiempo, debido a las diferentes explotaciones que ha habido allí durante casi 2.000 años. La explotación romana fue el momento álgido de las minas de Arditurri. Los romanos estaban interesados en la extracción del mineral galena argentífera (plata) y, tras descubrir una gran veta junto a Peña de Aia, empezaron a horadar quince kilómetros de galerías. En aquella época inicial de la actividad, las minas estaban compuestas por 42 galerías y 82 pozos, según dejaron escrito los historiadores de principios del siglo XIX. La explotación posterior fue alterando la disposición romana de las galerías, hasta el punto de que hoy sólo se conservan nueve de ellas.
Para hacernos una idea de la manipulación que las minas han sufrido durante el paso de los años, sólo hay que fijarse en el monte que se encuentra en los alrededores de la mina. No es un monte cualquiera, natural, ya que se ha ido formando a lo largo del tiempo mediante los escombros que los mineros sacaban de la mina y depositaban fuera. Sin embargo, a pesar de las modificaciones que las minas han sufrido en su historia, hay muchas cosas que se encuentran tal y como las dejaron sus primeros explotadores. Un ejemplo son los drenajes de agua que montaron los romanos y que aún funcionan. Gracias a ellos, las dos primeras galerías siguen sin estar inundadas y es posible descender hasta dos alturas por debajo del suelo.
En la visita a la mina podemos observar antiguos restos romanos como los cargadores de material, pozos y vetas de minerales. La tecnología permite que mediante ruidos y luces se pueda recrear la actividad de la mina, como el ruido de las rocas al desprenderse o el traqueteo de las vagonetas.
En un principio se abrió una galería de 180 metros, pero desde este mes también se puede visitar la segunda fase de la investigación que los arqueólogos realizan en 400 metros más de galerías. Durante la visita se puede obervar de cerca el trabajo de campo de los arqueólogos de Arkeolan.
En la visita estándar a las minas es obligatorio llevar casco para evitar accidentes, y en la visita arqueológica, en la que se desciende a galerías inferiores, también son obligatorias botas de monte.
Para completar la información, también está a disposición del visitante el centro de interpretación de Arditurri. El edificio está ubicado al lado de las minas y sirve para introducirse en la historia del Parque Natural de Aiako Harria. En la planta superior del centro hay paneles didácticos, y en la segunda planta se informa sobre la historia de las minas.
Eder y Aitziber, una pareja irundarra, comentaba al abandonar la mina que se imaginaban un lugar mucho más estrecho y largo. No es de extrañar, ya que a pesar de que hoy las minas están acondicionadas, en la época romana eran verdaderamente claustrofóbicas, con un metro de ancho y menos de dos metros de alto. Todo aquel que visite las minas de Arditurri podrá conocer un mundo diferente y hacerse una idea de la dureza que ha compañado siempre al trabajo en la mina. Si ha sido así durante siglos, imaginen cómo sería hace 2.000 años, cuando los mineros picaban tumbados en estrechas galerías iluminados por la llama de un candil. Las entrañas de Arditurri nos ayudan a intuirlo.
El Museo Oiasso de Irun es otro punto ineludible para conocer los vestigios romanos en Gipuzkoa. Este centro dispone de un tren verde para que la gente pueda recorrer todo el yacimiento. El itinerario arqueológico en tren traslada a los visitantes desde el mismo museo donde explican y enseñan lo que fue Oiasso, hasta la Ermita Santa Elena. Por el camino, las guías explican e intentan reconstruir como era Irun en la época romana. Por ejemplo, comentan que la Plaza San Juan y sus alrededores eran la zona residencial de Oiasso, mientras que la zona de Santiago y la Iglesia del Juncal, eran zonas de termas y puertos.
Al llegar a la Ermita Santa Elena, se visita la necrópolis del cementerio de la ciudad de Oiasso y se pueden observar los únicos restos arqueológicos de la época romana, como las urnas de incineración o los mausoleos en los que enterraban a los muertos.
Para la visita en tren es necesaria mucha imaginación, ya que sólo se encuentran restos romanos, de momento, en la Ermita Santa Elena, aparte de los que se han trasladado al Museo Oiasso. Por ello, durante el trayecto por las calles de Irun, Alto de Beraun, Avenida de Salis, Plaza San Juan, etc, es fundamental la imaginación para lograr recrear lo que hace 2.000 años allí sucedió. Las termas encontradas detrás del Museo Oiasso, sin embargo, sí son una realidad, aunque todavía no están acondicionadas para que el público las visite.
Tanto las visitas en tren como las del museo están acondicionadas para todo tipo de gente y edad. A los niños se les cambia el nombre por otro romano y se les viste con los atuendos de la época. De esta forma los niños se sienten más identificados con el tema que están tratando y llegan a comprender que hace mucho tiempo los romanos vivieron en Irun.
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