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El cambio climático puede afectar de forma aguda a la Península Ibérica

Un estudio de 400 científicos pinta un panorama apocalíptico a final de siglo: olas de calor, plagas, incendios y desaparición de especies.

JULIÁN MÉNDEZ

El nivel de las aguas costeras subirá un metro y anegará zonas habitadas; enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria o el dengue podrían incrementar su presencia en España; la temperatura media subirá hasta 7 grados en verano, incidiendo en la calidad de vida de la población; habrá más incendios forestales, más crecidas de ríos y aludes; desaparecerán especies animales y vegetales; escaseará el agua en las regiones más áridas; proliferarán los organismos invasores; el régimen de lluvias se alterará; el turismo disminuirá su peso económico...

La Península Ibérica cambiará de cara. «El tiempo de espera para actuar, simplemente, se ha acabado». La frase, pronunciada por José Manuel Moreno, catedrático de Ecología del departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Castilla-La Mancha, tiene el aire de un ultimátum y fue dicha ayer durante la presentación del informe sobre los impactos en España del cambio climático y en el que han participado 400 científicos.

La llamada de atención no pudo ser más directa. Y se hizo en presencia de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. Las consecuencias del calentamiento global que ya se dejan notar (ola de calor de 2003, deshielo de glaciares pirenaicos, incremento de la temperatura en 1,5 grados en el último siglo, traslado de pesquerías de anchoa y atún cada vez más al Norte, migraciones de aves y floraciones más tempranas) no son nada comparado con lo que se avecina.

Y lo peor es que ya debería haberse empezado a ponerle freno. Como recuerda Raquel Montón, de Greenpeace, España se comprometió a limitar a un 15% el incremento de sus emisiones de gases contaminantes hasta el año 2012. Sin embargo, hoy produce un 40% más de dióxido de carbono que en 1990, año tomado como referencia, convirtiéndose así en el país industrializado más alejado de su objetivo.

Ayer, víspera de la entrada en vigor del Protocolo de Kioto, un miembro del Gobierno presentaba un futuro desalentador para el país. «La mejor forma de combatir el cambio climático es mitigarlo, reducir las emisiones de aquellos gases que lo producen», decía Narbona. Pero las preguntas son muchas: ¿hay voluntad de hacerlo? ¿cómo?, ¿dará tiempo?, ¿cómo se conjuga el desarrollo económico y el respeto por el planeta?, ¿qué hará Estados Unidos, fuera del tratado, y productor de una cuarta parte de los gases causantes del calentamiento global?

Mientras, los expertos han diseñado dos escenarios en función de la evolución mundial de la emisión de gases de efecto invernadero. El primero (malo) prevé que en 2100 se hayan doblado las emisiones actuales. En el segundo supuesto (el peor), la actividad humana habría enviado a la atmósfera un 120% más de gases que hoy.

El estudio augura un notable crecimiento de la sequía, especialmente en el sur de la Península.



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Más información
- Ministerio de Medio Ambiente de la UE

- Página web de Ihobe

- Plan Nacional de Asignación (PDF)

- Protocolo de Kioto (PDF, 58 kb)

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