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de 33.000 litros de fuel del 'Prestige' bañan
aún zonas rocosas de la costa vasca
El estudio Orbankosta,
realizado para el Gobierno Vasco por el departamento
de Biología de la Universidad del País
Vasco, constata la presencia de fuel en muchos
puntos de la costa vasca y la llegada todavía
de placas de hidrocarburo que se encontraban,
probablemente, a la deriva
AMAIA
CHICO
El 13 de noviembre de 2002 saltaba la alarma:
«Un petrolero amenaza con hundirse y causar
otro desastre en Finisterre». Tres días
después, el casco del Prestige se rompía
y las más de 77.000 toneladas de fuel que
guardaba en su interior comenzaban a teñir
de negro primero las costas gallegas, y, días
más tarde, toda la cornisa cantábrica.
Ahora, dos años después del desastre,
las rocas y acantilados vascos tienen adheridos
más de 33.000 litros (estimación
realizada según el área de superficie
de agua que ocupa) de hidrocarburo, «muy
persistente», que puede hacer recordar durante
décadas el cambio de paisaje que sufrió
toda la costa del País Vasco.
El estudio Orbankosta, realizado para el Gobierno
Vasco por el departamento de Biología de
la Universidad del País Vasco, a través
de la sociedad pública de gestión
ambiental Ihobe, constata la presencia de fuel
en muchos puntos de la costa vasca y la llegada
todavía de placas de hidrocarburo que se
encontraban, probablemente, a la deriva. «El
fuel adherido a las rocas se quedará ahí
hasta que se limpie manualmente, hecho nada fácil,
o se emplee alguna otra solución para eliminarlo»,
explicó ayer una de las biólogas
encargadas de este proyecto, Arantza Ibabe, «porque
la desintegración del fuel natural puede
tardar décadas». Este inquietante
panorama no supondría mayor problema que
el «efecto visual», según Ibabe,
si el fuel se quedara «seco» en las
rocas, pero «si, por la fuerza del oleaje,
se va disolviendo, llegará a los animales
y de ahí a las personas».
Una vez concluido el análisis, realizado
con exploraciones efectuadas cada quince días
durante más de año y medio en diferentes
puntos de la costa guipuzcoana y vizcaína,
se destacan las zonas de Mutriku, Zumaia y Jaizkibel
como las más perjudicadas de Gipuzkoa.
«Es donde más se ha quedado el fuel,
porque aunque en su día llegó a
todas partes, las zonas de playa o las más
accesibles se han podido limpiar».
Las rocas cercanas a la playa y la zona del muelle
de Zumaia recibieron, desafortunadamente, la última
remesa de fuel que llegó a la costa guipuzcoana,
en abril de 2004. «No sé durante
cuánto tiempo más puede llegar hidrocarburo
a la costa, pero si todavía quedan restos
en el mar, llegarán», aseguró
Arantza, que reconoce la vital labor que desempeñaron
los pescadores vascos en la recogida de fuel.
«Ha sido una suerte, porque gracias a ellos
no ha llegado el 50% de lo que habría acabado
en la costa», afirmó.
Su estudio, para el que de momento no existe
continuidad, es paralelo al que desde la misma
universidad están llevando a cabo un grupo
50 investigadores que analizarán hasta
2006 desde los efectos biológicos hasta
las repercusiones económicas que el hundimiento
del Prestige ha provocado no sólo en los
ecosistemas marinos y pesquerías vascas,
sino en toda la cornisa cantábrica.
Efectos biológicos
La catedrática de Biología
Celular Miren Cajaraville explicó que,
dentro del proyecto multidisciplinar, su equipo
está analizando, en la costa muestras de
mejillón, «porque es un organismo
que filtra grandes cantidades de agua y acumula
muchísimo los hidrocarburos», y en
plataforma, ejemplares de merluza y anchoa. Aunque
«todavía es muy pronto, sí
hay indicios claros de que la salud de los organismos
marinos está siendo afectada».
Sus análisis, realizados desde 2003 a
través de siete muestreos realizados en
22 lugares diferentes desde Portugal hasta Hondarribia,
han evidenciado en los peces «índices
de parasitación bastante grandes, es decir,
que el sistema inmunológico de estos animales
está debilitado», indicó Cajaraville,
«y alteraciones en el hígado que
todavía no sabemos qué efectos biológicos
tendrán».
En relación con el estudio de organismos
de costa, y comparando los ejemplares de mejillón
obtenidos en Galicia con los del País Vasco,
la investigadora señaló que «el
impacto ha sido mucho mayor en los gallegos, como
es lógico, pero en todos se ha detectado,
por ejemplo, atrofia en el tejido digestivo».
Esas alteraciones o patologías en los
animales, según explicó la catedrática
en Biología Celular, no pueden desarrollarse
en el ser humano. «Pero lo que sí
se transmite o se acumula en nuestro organismo
son los propios hidrocarburos, si ingerimos peces
que estén contaminados», aclaró.
Ejemplo del Exxon Valdez
Los efectos biológicos, auguró
Cajaraville, seguirán patentes durante
años, «como ha ocurrido en Alaska
desde que en 1989 se produjera la catástrofe
del Exxon Valdez», y además en este
caso, con la agravante de la considerable dimensión
que alcanzó el vertido del Prestige.
A estos estudios, se añaden los que diferentes
entidades están llevando a cabo en Galicia.
Allí, por ejemplo, la Asociación
Ecologista (Adega) aseguró ayer que «hay
muchísimas zonas con chapapote»,
sobre todo en la Costa da Morte, las Islas Cíes
y Ons, donde, «sigue apareciendo fuel constantemente».
La cantidad de hidrocarburo es «tremenda»,
explicó el responsable de Biodiversidad,
«y los pescadores siguen saliendo con el
aparejo lleno de fuel». |